La cercanía como mejor arma

J. Leao-Coelho (efe)
-

La pandemia ha cambiado la forma de trabajar de los centro de salud, que han sabido estar a la altura atentiendo miles de llamadas telefónicas diarias y ofreciendo atención domicilaria

La cercanía como mejor arma - Foto: Sebastián Mariscal

Los centros de salud han cambiado su forma de trabajar durante la crisis del coronavirus, ahora más centrada en el seguimiento telefónico y la atención domiciliaria de los pacientes, aunque con la bajada de la presión asistencial han empezado a recuperar algo de normalidad este fin de semana.
«El cambio en nuestra organización ha sido radical» para intentar que los enfermos «no vinieran al centro y estuvieran confinados en sus domicilios», explica la doctora Marisa Rogero, directora del Centro de Salud General Ricardos de la capital, donde atienden 1.400 llamadas diarias pese a que llegaron a tener, «en los peores momentos», al 25 por ciento de sus profesionales de baja.
«Además de aumentar muchísimo la atención telefónica, hemos tenido que formarnos y aprender cómo hacerla bien. También tuvimos que separar los espacios para atender a pacientes con sospecha de síntomas respiratorios en una zona totalmente aparte», cuenta la doctora Rogero. «Ha sido una completa locura, un día una instrucción y otro día otra, pero trabajando todos en equipo hemos conseguido dar asistencia, fundamentalmente telefónica, a todos», incluidas tareas de acompañamiento y resolución de dudas para personas con situaciones personales «muy dolorosas», explica.
El coronavirus ha cambiado la forma de trabajar en los centros de salud, que poco a poco van recuperando la normalidad ante la bajada de la presión asistencial.  La directora de esta instalación sanitaria augura, no obstante, que «lo que va a cambiar a corto plazo es la manera de acceder a las consultas». «A día de hoy no podemos volver a las citas a demanda y tener llenas salas de espera y zonas de entrada», advierte.
Para la responsable de Atención al Usuario de este centro, Carmen Cuesta, el día a día está siendo «algo difícil por las reorganizaciones de profesionales». «La gente está bastante asustada y baja de ánimo. Intentamos tranquilizarles y en ocasiones hemos tenido que hacer un poco de psicólogos», detalla. «Somos la puerta de entrada, el primer canal para poner al usuario en contacto con su profesional», indica.
Por su parte, el enfermero Javier Calvo participa en una de las Unidades de Apoyo Domiciliario (UAD) creadas específicamente durante la pandemia, una atención que ha sido reforzada con la ayuda de taxistas y conductores VTC. Hay dos equipos, uno de mañana y otro de tarde, que van a las casas atendiendo «primero las curas y por último a pacientes con sospecha de COVID-19». «Ha sido un mes y medio de trabajo bastante intenso, pero la valoración es buena, estamos haciendo lo mejor que podemos», sostiene este enfermero.