El nuevo rostro de la pobreza

Ana Rodrigo (EFE)
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La precariedad que deja a su paso el coronavirus llega a personas que nunca hubieran imaginado verse pidiendo ayuda antes de la pandemia

El nuevo rostro de la pobreza - Foto: M. Dylan

En el retrato de la pobreza tras la COVID-19 están, en primer plano, «los de siempre»: familias monomarentales con hijos, trabajadores pobres, inmigrantes, los que no habían conseguido recuperarse de la crisis de 2008... pero cada día se suman rostros que jamás hubieran imaginado llegar a ese escenario y que tienen la cara de un vecino, un amigo o incluso un familiar.
«Vamos a ver en esa fotografía de la pobreza rostros desencajados y sorprendidos porque va a ser la primera vez que se enfrenten a una situación de pobreza; gente conocida, que hasta ahora tenía una vida absolutamente normalizada, que tenía ingresos suficientes para sobrevivir de manera más o menos digna y que esta crisis le va a arrastrar a ese precipicio de vulnerabilidad, que si se prolonga en el tiempo puede derivar en exclusión social», explica el presidente de la Asociación de Directoras y Gerentes de los Servicios Sociales, José Manuel Ramírez.
La crisis generada por el coronavirus va a ser «más grave, más intensa y más aguda» que la anterior, una recesión cuajada en tres meses pero con un horizonte mucho más fuerte que el generado en 2008, cocinado en varios años, pronostica Carlos Susías, presidente de la Red de la Lucha contra la Pobreza y Exclusión Social.
La pobreza relativa -vivir con menos de 1.500 euros al mes dos adultos y dos niños-, en la que viven hoy 12 millones de personas en España, puede dispararse hasta los 20 millones si no se abordan medidas urgentes de protección social, junto a las de impulso productivo, pero sobre todo, si se cae en los mismos errores que tras la crisis anterior, añade Susías.
El escenario de la vulnerabilidad social lo protagonizan, sobre todo, las familias de madres con hijos, al que se incorporan muchas otras que hasta hace tres meses estaban «normalizadas medianamente» y que se van a encontrar con que no tienen nada y sí grandes carencias.
Se sumarán a esa lista, asimismo, «una gran cantidad de jóvenes, pero también adultos de entre 45 años a 65 años que, si ahora pierden el empleo, se quedarán en situación de riesgo muy alto para ser capaces de retornar al mercado laboral», explica el responsable de la red europea de pobreza.


Llueve sobre mojado

 «Esta crisis ha llegado cuando no se había recuperado el nivel de empleo de antes de la recesión del 2008 y muchas personas en distintos ámbitos seguían sufriendo. En aquellos momentos, los hogares que ya antes se encontraban en peor situación se vieron castigados de forma más severa y se quedaron en la cuneta cuando llegaron las mejoras. Este sería también uno de los peligros de esta nueva situación», advierte Almudena Echevarría, de Cruz Roja Española.
Mientras, para Save the Children, el rostro de la pobreza sigue siendo el de un niño y, según su director general, Andrés Conde, la pobreza infantil, que padecen hoy en España uno de cada cuatro pequeños, podría extenderse hasta afectar a uno de cada tres.
«El impacto va a ser más devastador en familias con hijos a cargo, porque tenerlos es asumir el riesgo de pasar necesidades», sobre todo en las monomarentales -«la mitad de ellas ya sufrían pobreza severa»- , las compuestas por abuelos, padres e hijos, y las de miembros extranjeros, cuenta Conde, al que también preocupan las personas que vivían en la economía sumergida y, «además de perder su empleo, tienen pocas posibilidades de recibir prestaciones».
La situación es «límite en cuanto al sufrimiento de las familias y el riesgo social y económico de las personas», opina la presidenta del Consejo General del Trabajo Social, Emiliana Vicente González, para quien «la pobreza y la exclusión social en este país están en la situación de suma y sigue».