El carnaval y sus recetas propias

M.M.G.
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Una veintena de personas participó en un taller de cocina de lo más dulce dirigido por el televisivo chef abulense Iván Hernández

El carnaval y sus recetas propias

La Navidad tiene los turrones. El día de Reyes, el roscón. La Semana Santa, las torrijas. El 1 de noviembre, los buñuelos y los huesillos. Y los carnavales, como no podía ser de otra manera, también pueden presumir de tener sus dulces típicos en muchos rincones de España. 
Cierto es que en Ávila no tenemos una receta propia para endulzar estos alocados días. Pero eso no impidió que este martes una veintena de aficionados a la cocina se dieran cita en el Episcopio para participar en el taller de cocina de carnaval organizado por el Ayuntamiento de Ávila.
Después de que fueran los niños los encargados de cocinar sus postres de la mano de Carmen Hernández, llegó el turno a los adultos, a cuyo frente se situó el televisivo chef abulense Iván Hernández.
Fue él el encargado de seleccionar las cinco recetas que los reposteros debían preparar en las dos horas que duraba el taller. No era un concurso. Pero la emoción de poder terminar el trabajo a tiempo estuvo presente en la actividad, que comenzó con unas pequeñas orientaciones de Hernández.
Los 20 cocineros se dividieron en cinco grupos y cada uno de ellos tenía que preparar dos recetas. Todas ellas apetecibles. Como las orejas de carnaval gallegas («son una masa frita con anís», explicaba Hernández) o los castagniole, unos riquísimos buñuelos procedentes de Italia. Y a esas dos delicias se les sumaban las Teresitas de crema, procedentes de Extremadura («una masa rellena de crema pastelera»; una tarta de filloas con dulce de fresas; y una tortilla de calabazas, de Canarias.
Ataviados con un delantal negro y con las recetas en la mano, los participantes (aunque quizá deberíamos decir las participantes, porque de las 20 personas allí reunidas 19 eran mujeres) se pusieron manos a la obra con mucha ilusión y con muchas ganas. Como las que le pusieron Gloria y Rosi, las más veteranas del grupo, que a pesar de estar ‘curtidas en mil cocinas’ no dudaron en unirse al grupo. «Porque de todo se aprende», decía Gloria, que se definía como una cocinera de las de toda la vida capaz de hacer todos los guisos de siempre, al igual que su amiga Rosi. Eso sí, ésta se llevó una pequeña desilusión al comprobar que el recetario estaba centrado en la repostería. «Es que soy diabética», nos confesaba con una media sonrisa en los labios. «Pero da igual, aquí venimos a ver qué se cuece», jugaba con las palabras antes de despedirse de nosotros.?