La procesionaria sobrepasa el umbral de daño en 12.000 ha

I.Camarero Jiménez
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Desde el Servicio Territorial de Medio Ambiente de la Junta ligan la proliferación del insecto con el cambio climático y sobre todo con los dos últimos inviernos que han sido «especialmente benignos»

La procesionaria sobrepasa el umbral de daño en 12.000 ha - Foto: Diario de Ávila

El cambio climático es un hecho y especialmente los dos últimos inviernos que hemos pasado en Ávila (por las altas temperaturas y escasas heladas) han favorecido la proliferación de especies. Algunas ya estaban, pero en este tiempo han crecido en individuos de una manera muy pronunciada y entre esas podemos hablar de la conocida como oruga procesionaria que ataca nuestros pinares. Desde el Servicio Territorial de Medio Ambiente, su director técnico, Manuel Díez, confirma esa expansión en zonas en las que habitualmente no estaban, aunque no hablan de plaga como tal porque entre otras cosas «la procesionaria siempre lo es».
Ahora bien hay dos zonas en los que esos inviernos han sido especialmente «benignos» y en los que el insecto «ha sobrepasado el umbral tolerable de daño», afirma. Esos lugares son la comarca de Gredos y la de Tierra de Pinares y el arbolado que estiman está sufriendo esa sobrepoblación de orugas se estima entre 10.000 y 12.000 hectáreas de superficie arbolada. «Allí hay una diferencia enorme entre las que suele haber, pues siempre están, y las que hay ahora», concluye.
«Podríamos reconocerlo como plaga por haber sobrepasado ese umbral pero no en toda la provincia, ni de forma general en todos los pinares, ni tampoco en las zonas más afectadas, ni tampoco como algo irreversible ni que vaya a poner en peligro el pinar», explicaba Díaz.
Precisamente desde Gredos, concretamente desde Navarredonda hace unas semanas (en febrero) organizaron una conferencia para hablar de un problema que lógicamente preocupa y buscar o ahondar en posibles soluciones. De hecho se puso de manifiesto la posibilidad de utilizar un hongo para matizar el problema, pero de algún modo es experimental porque «no se ha demostrado su eficacia». 
En la Junta de Castilla y León desconocían el estudio, tal y como asegura Díaz y además ellos deben «trabajar con realidades», con estudios cuya eficacia ya está demostrada. Al respecto reconocía que «a día de hoy no hay manera de atajar este incremento de individuos de procesionaria porque entre otras cosas hace ya más de una década que se prohibió la fumigación, el tratamiento aéreo químico que antes sí se hacía». Una prohibición que estima llegó por la insistencia de ciertos grupos ecologistas. 
La preocupación en el seno de la Junta no es tanta en el sentido de que «en ningún caso está en peligro la masa forestal, el arbolado, porque la procesionaria», relataba y es que la oruga «lo que hace es alimentarse de las acículas verdes de los pinos en invierno, de ahí que aparezcan desfoliados, pero «los árboles mantienen el vigor» y especialmente en la zona de Gredos donde esos pinos están bien enraizados y son ejemplares que llevan allí decenios, incluso siglos vegetando de forma normal. «Hay una pérdida del crecimiento y del follaje, de la parte verde del árbol» ahora bien es especialmente complicado que el árbol sucumba ante el ataque de la procesionaria precisamente porque están bien enraizados y cuentan con reservas. La parte verde que se come la oruga en  invierno se restituye por lo general en primavera y verano. Para que el árbol muera las defoliaciones deben ser sucesivas y no rebrotar, debe vegetar mal». Eso por ejemplo ha ocurrido en la subida de La Paramera porque no vegetan bien.
La procesionaria, recalca, «no conlleva problemas graves para el arbolado», otra cosa es, «para la salud de las personas o de los animales pues son urticantes y provocan alergias y reacciones a su contacto», reacciones respiratorias a la gente que tiene asma. En este sentido Díaz entendía la preocupación de alcaldes y asociaciones en lo que respecta al «uso social del monte».