El S.O.S. de los autónomos

Mayte Rodríguez
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Los testimonios de Beatriz, Cristina y Montse ponen rostro a la difícil situación por la que atraviesan los miles de autónomos abulenses que llevan más de una semana con sus negocios cerrados

El S.O.S. de los autónomos


Por primera vez en sus casi cuatro décadas, la guardería Mafalda mantiene cerradas sus puertas.  Y lo ha hecho obligada por una situación tan grave y excepcional como el estado de alarma. «En 39 años no habíamos cerrado ni en vacaciones de verano, porque siempre damos opciones a las familias para cuidar de sus hijos mientras los padres trabajan», nos cuenta Montse Alonso, su propietaria, una autónoma abulense que se confiesa «preocupada» por las consecuencias del cierre. «En Mafalda trabajamos nueve personas, llevamos mucho tiempo juntos, todos con contratos fijos, así que estamos mirando con lupa de qué forma actuar para no hacer daño a nadie y que todos podamos salir bien de ésto», explica. Negocios como el suyo están claramente obligados a cerrar por la crisis del coronavirus, por lo que cumpliría el requisito impuesto por el  Gobierno para que sus trabajadores se acojan a los  Expedientes Temporales de Regulación de Empleo (ERTE) por causa de fuerza mayor, lo que implica que puedan cobrar  una prestación aunque no trabajen durante el tiempo que se prolongue la situación que ha dado lugar al ERTE: el estado de alarma.
El otro frente que tanto preocupa a los autónomos como Montse es cómo hacer frente a pagos, impuestos y otras obligaciones si la guardería «no está facturando nada porque no está dando servicio», apunta. Paradójicamente, la pillamos recopilando documentación para «preparar el trimestre del IVA, que tenemos que presentarlo ahora, a primeros de abril», confiesa. «Ese es el problema, nuestro negocio, igual que el de muchísimos autónomos, se queda parado, pero tenemos que seguir cumpliendo nuestras obligaciones fiscales, tributarias, administrativas, ...».
El S.O.S. de los autónomosEl S.O.S. de los autónomosElla es una de los 14.272 autónomos dados de alta en Ávila, un colectivo que en nuestra provincia representa casi el 19% del total de trabajadores, de ahí su enorme peso tanto en la economía abulense como en su mercado laboral, ya que 4.500 autónomos de Ávila tienen, a su vez, empleados a su cargo. Es el caso de Montse Alonso, pero también el de Cristina Hernández, fisioterapeuta, propietaria de la clínica Lymphosalud que, además de a sí misma, da empleo a otras tres personas. De hecho, confiesa estar «más preocupada por ellos que por mí».
 A la preocupación  general Cristina ha sumado una «incertidumbre» extra derivada del vacío legal en torno a las clínicas de fisioterapia que, como tal, «no aparecen en el Real Decreto del BOE», lo que impide que sus empleados puedan acogerse a los ERTES contemplados por el Gobierno a raíz del estado de alarma. Por tanto, clínicas como la suya deberían seguir abiertas, pero la inmensa mayoría están cerradas por razones de seguridad. «Los fisioterapeutas estamos en contacto directo con el paciente, tocamos su cuerpos y eso impide que podamos trabajar en condiciones de seguridad porque no hay mascarillas homologadas y porque nosotros trabajamos con nuestras manos», recuerda. Ella se ha pasado día tras día colgada al teléfono, al habla con el Colegio de Fisioterapeutas, con la gestoría, con Sanidad. «El problema es que la información que dan unos y otros es contradictoria, aunque también hay quien directamente no tiene ni idea de nada, como Sanidad y todo esto es bastante agotador», lamenta. 

 «Yo sé que esto saldrá adelante y que esta situación, si nos enseña algo es que tenemos que unirnos porque si nos separamos no vamos a ninguna parte, así que espero ver luz al final del túnel», afirma, aunque el hilo de voz con el que nos habla denota los difíciles días que está viviendo. 
También Beatriz Rivero ha pasado una semana complicada. A diferencia de Monste y Cristina, ella forma parte de los 7.882 autónomos abulenses que no tienen empleados a su cargo. En su peluquería trabaja ella sola, pero su negocio permanece cerrado «desde el sábado 14», día en el que asistió «con asombro y desconcierto» a la noticia inicial de que podían permanecer abiertas las peluquerías, aunque celebra que finalmente el Gobierno diera marcha atrás. Eso sí, entiende que haya personas mayores o con dificultades de movilidad que necesiten de los servicios de una peluquera, por lo que ella se puso «de inmediato a disposición de sus vecinos para que, en caso de extrema necesidad, pudieran disponer de mis servicios, incluso de forma desinteresada», nos cuenta. En su caso, la palabra vecinos hay que entenderla de forma literal porque ella tiene su negocio en el medio rural. La Peluquería Beatriz, abierta hace seis años, está en Sanchidrián, pueblos morañego de «menos de 800 habitantes» y en el que negocios puestos en marcha por gente joven como ella son «una pieza clave contra la despoblación», subraya. En su caso, por tanto, el perjuicio del cierre no solo recae en ella, sino que puede llegar a afectar también al difícil equilibrio que mantienen los emprendedores que apuestan por el medio rural, cuyas economías soportan meses muy flojos de ingresos.
El S.O.S. de los autónomosEl S.O.S. de los autónomosA las pérdidas económicas del cierre, con «gastos fijos esenciales que afrontar» y nada que ingresar, Beatriz Rivero suma otro efecto: «El impacto sentimental y anímico porque ser joven y autónomo en el ámbito rural no es fácil», confiesa.
Eso sí, igual que Cristina y  a pesar de la semana tan complicada que ha pasado, Bea prefiere agarrarse a la esperanza. Se despide con su sonrisa y recuerda de la necesidad de que nos quedemos en casa «y ayudemos así a que este mal sueño finalice lo antes posible». 

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