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Fernando Jáuregui

TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Aquí todos quieren ser el ministro de Exteriores

09/12/2021

Ignoro a dónde fue a parar aquel famoso consenso entre las fuerzas políticas para respetar, cuando no hay dislates clamorosos y al menos fuera de nuestras fronteras, la política exterior del Gobierno de turno. Desde luego, el ex vicepresidente Pablo Iglesias, lanzado ahora a atacar algunos aspectos de la política del Ejecutivo en el que aún está coaligado su partido, no parece caminar por estas políticas de Estado. Y, pido perdón si me excedo, tampoco Pablo Casado, el líder del PP, de gira por América Latina, está respetando esa que parece --parecía-- una norma básica en política: no andar mostrando por ahí fuera la ropa sucia que ha de lavarse en casa. Sobre todo, cuando habría que saber qué es, en el delicado terreno de la diplomacia, 'ropa sucia', concepto en el que cada cual arrima el ascua a su sardina.

Grosero e inaceptable ha sido el ataque de Pablo Iglesias al titular de Asuns Exteriores José Manuel Albares, del que dice que parece "un ministro de exteriores del PP" por su actuación ante los gobiernos latinoamericanos, sin darse cuenta (Iglesias, digo) de que la acción exterior no debe tener siglas partidistas. El jefe de la diplomacia de un país no debe parecer ni del PP, ni del PSOE, ni menos aún, de Podemos --apañados íbamos, por cierto, si Iglesias fuese el encargado de conducir las relaciones con América Latina, esa zona del mundo tan importante para España, aunque España a veces parezca no saberlo--.

Un ministro de Exteriores es un ministro de Estado, que debe hacer lo que al Estado, y no a su Gobierno, le convenga: desde defender a la Monarquía en los ámbitos exteriores hasta apoyar los intereses comerciales. No respaldar, porque sí, a los Estados bolivarianos porque eso guste al concepto 'de izquierda' del señor Iglesias, que seguro que no sabría distinguir dónde está Paraguay en un mapa ciego, aunque la trayectoria de su partido en otros países latinoamericanos tenga mucho de cuestionable y hasta de 'investigable'. Lástima que el ya casi ex político Iglesias haya perdido la oportunidad de callarse sus críticas hablando, por cierto, para una radio argentina. Menos mal que la opinión del ex más peculiar que gobierno alguno haya tenido en el mundo ya no interesa a nadie, y así lo subrayan incluso en Moncloa: una voltereta más de un Pablo que se aburre.

Y, siento decirlo, pero tengo que extender esta crítica al líder del PP, Pablo Casado, sin pretender, desde luego, equipararle para nada ni en nada al ex dirigente 'morado'. Pero el líder de la oposición también ha atacado sin ambages y con micrófonos, en Argentina, la política exterior española hacia América Latina. Precisamente, he de decir, en un momento en el que me consta que el Gobierno español, que ha cometido innumerables errores en su política exterior de la mano de la desafortunada Arancha González Laya, se está planteando una ofensiva diplomática en América Latina, en un intento de recuperar lazos e influencias en un subcontinente del que, no solo con el Gobierno de Sánchez por cierto, los españoles nos íbamos poco a poco alejando. Y eso, claro, no podía ni puede ser.

Mal asunto un país en el que tantos quieren ser 'el ministro de exteriores' bis, o tris, encima a base de dar palos, no siempre justificados, a quien lleva la responsabilidad sobre sus hombros. Cierto que Pedro Sánchez, que no es modelo de transparencia ni de transversalidad precisamente, debería involucrar más a los dirigentes de otras fuerzas políticas en 'su' política exterior. No lo hace, ni en este ni en otros muchos terrenos. Pero no menos cierto es que hemos de exigir a todos un poco de responsabilidad para no empeorar, más aún, la imagen de una España que, en muy diversos terrenos, ha de recuperar cuanto antes su prestigio fuera de nuestras fronteras. Cosa que, entre unos y otros, estamos poniendo bastante difícil.