Rotary Club Ávila entrega sus I Premios Servir

M.M.G.
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Rotary Club Ávila entrega sus I Premios Servir

Álvaro Fernández, profesor de los Colegios Diocesanos y una persona volcada en temas de voluntariado, recibirá este sábado el galardón en un encuentro que tendrá como beneficiaria a Aspace

El Club Rotary Ávila celebra este sábado su tradicional cena benéfica. Pero lo hará con una novedad importante: la entrega de sus I Premios Servir, unos galardones creados por los rotarios abulenses con la intención de «detectar personas que tienen una trayectoria de servicio, fundamentalmente humanitario, y que pueden ser un referente para los valores rotarios». 
Así lo explica a Diario de Ávila Daniel Collado, que en esta ocasión ejerce de portavoz del Rotary Club Ávila, y que habla de valores como la paz mundial o la solidaridad, por los que ellos se mueven a diario.
«Se trata de hacer un mundo más justo y dedicar más tiempo a los demás», resume Collado dos de las virtudes que la agrupación ha sabido ver en Álvaro Fernández, la persona que mañana recibirá el I Premio Servir.
«Álvaro es una persona muy comprometida, es profesor en los Colegios Diocesanos», comienza a describir al galardonado en su primera edición Collado, para el que Fernández «está marcando a los jóvenes».
«Está muy volcado en temas de voluntariado, en Apavi, en Cáritas...», nos da unas pinceladas de la labor por la que los rotarios han querido distinguir a Fernández, que mañana estará arropado no sólo por sus amigos y familiares más cercanos sino, también, por algunos antiguos alumnos, de esos «marcados» en positivo por su tarea docente.
«Es un persona joven, que saca tiempo para los demás», prosigue valorando Collado al primer premiado por los rotarios de Ávila.
cena a favor de aspace. Fernández recibirá su galardón en la cena benéfica que tendrá lugar como decíamos mañana viernes.
Será en el palacio de Sofraga a partir de las 21,00 horas y estará abierta a la sociedad abulense en general. De hecho, el Club Rotary Ávila quiere animar a todos los abulenses a unirse a una fiesta que tiene un marcado componente benéfico.
Porque la recaudación de la misma irá destinada a Aspace Ávila y a su nuevo centro de día. «Se trata de un proyecto muy interesante», reflexiona Collado, «ya que en sus nuevas instalaciones pueden prestar mejor servicio a sus usuarios, mejoran su calidad de vida».
La cena tiene un precio de 45 euros. Es necesario reservar plaza más que nada, como explica Collado, «por controlar el aforo. Pero esperamos llegar a las 200 personas».
Para apuntarse a la cena las personas interesadas pueden entrar en contacto con la asociación en su sede o contar con ella a través de su página de Facebook o de su página web.
Existe, además, la posibilidad de colaborar con la fila cero para aquellas personas que, queriendo colaborar con la causa, no puedan asistir en esta ocasión a la cena benéfica del viernes.

EL TESTIMONIO DE ÁLVARO

«A mis padres les debo todo lo que soy. Así que si he aceptado el premio es para poder reconocer que lo poco o lo bueno que puedo hacer es gracias a ellos, porque lo que hago lo he mamado en casa». Así, con humildad y con sencillez explica Álvaro Fernández el motivo que le llevó a aceptar el reconocimiento propuesto por el Rotary Club Ávila. Porque a él, sencillo y con ninguna gana de protagonismo, le costaba aceptar un premio. «No veo a Jesús recibiendo un premio, la verdad», menciona a su modelo de vida y al espíritu cristiano que se esconde (aunque poco) detrás de sus buenas obras.
Álvaro es profesor en los colegios diocesanos. Allí conecta a diario con niños y jóvenes y a ellos les transmite cada día su pasión por la vida y por «seguir plantando buenas noticias».
Por extraño o curioso que pueda parecer, la labor solidaria de Álvaro arrancó entre rejas, de la mano de Cáritas Salamanca y con su programa de voluntariado en la cárcel. «Allí comprobé que lo que había escuchado en catequesis y en las homilías era real», reflexiona Álvaro, «y el encuentro con otras personas en la prisión me dio a entender que Dios está en las personas más necesitadas».
Como los chicos a los que atendió también durante años en el Seminario Diocesano de Ciudad Rodrigo. O como los enfermos de Parkinson que, como su padre, forman parte de la familia de Apavi, donde colabora también de manera desinteresada. «Yo cuido a mi padre porque me gusta poder devolverle todo lo que él ha hecho por mí», personaliza en este caso la ayuda que presta a diario en casa un hombre que se define a sí mismo como «súper afortunado» por el hecho de poder «devolver a la vida» todo lo que ésta ha hecho por él.
Licenciado en Filología Inglesa y en Filología Hispánica, Álvaro cree en las segundas oportunidades, e insiste en que se considera una persona normal. «Parece que sólo los curas o las monjas pueden vivir de esta manera», se refiere a su manera de entender la vida como un servicio, «pero todos podemos, también los laicos».
Tan es así, que nos adelanta que en sus palabras mañana en la cena