Un taller de escritura con un significado diferente

M.L.
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El taller de escritura creativa 'Esta cosa es una casa', conducido por Ángel Domingo, invitó a niños a partir de 6 años a reflexionar sobre el lenguaje y el juego en la escritura

Un taller de escritura con un significado diferente - Foto: Isabel García

¿Qué es un escritor? ¿Con qué trabajamos los escritores?» Con estas preguntas, aparentemente simples, dio comienzo el taller de escritura creativa que se llevó a cabo en la jornada del lunes en la Biblioteca Pública de Ávila. Organizado por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua y conducido por el escritor vallisoletano Ángel Domingo, esta actividad iba enfocada a niños mayores de seis años.

«Vamos a jugar, en su nivel, con los significantes y los significados», explica Domingo minutos antes del inicio del taller. La intención era hacerles ver a los niños «que no todos percibimos las cosas igual», para lo que el escritor había preparado un interesante ejercicio de reflexión lingüística: «si a una rosa le llamamos ‘piedra’, ¿seguirá oliendo como una rosa? ¿Pesará más?»

A partir de ahí, el juego –fundamental en la creatividad– y la palabra –fundamental en la vida– serían las protagonistas de la mañana. Domingo les pidió a los niños que cerrarán los ojos y se imaginaran una casa. Algunos se imaginaban casas de colores diversos, otros con puertas automáticas. Así, el escritor les enseñó imágenes de diferentes tipos de casas estrambóticas para que se dieran cuenta de la variedad de significados que puede tener el significante casa: puede ser un piso, un chalet o una casa árbol. Sin embargo, cuando el escritor les pidió a los 21 chavales que acudieron al taller que dibujaran sus casas, la cosa cambió. Había casas con forma de rostro, pelo incluido, otras con alas para volar o alguna con forma de serpiente.

La intención de este juego con la palabra era doble. Por un lado, fomentar la creatividad entre los más pequeños, y, por otro, irles introduciendo en la reflexión sobre el lenguaje. «La palabra es la piedra angular de cómo nos comunicamos con los demás», afirma Domingo, que considera que «es fundamental» conocer su funcionamiento para que, cuando crezcan, vayan «construyendo significados y significantes, elaborando discursos y estructurando sus ideas».

Tras dibujar las casas y otros elementos que les iba proponiendo el escritor, los niños debían escribir un cuento en base a sus dibujos y después exponerlo en público junto con los dibujos para que aprendan a hablar en público y «pierdan el miedo escénico».

Finalmente, la intención última de este taller era el fomento de la lectura. «El libro no debe ser un objeto de culto que hay que venerar, sino que hay que disfrutarlo», explica Domingo. De ahí el juego que dominó todo el taller. «Jugando con las palabras y las historias les vas descubriendo los engranajes que tienen los libros», dice el escritor, que asegura que «al escribir sus historias, les picaría la curiosidad por lo que escriban sus compañeros».