Sin peregrinos no hay Camino

R. Salgado y J. Rodil (EFE)
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Los numerosos transeúntes comprendieron el mensaje desde el mismo momento en el que se instauró el estado de alarma y todas las rutas que llevan a Santiago de Compostela se han vaciado

La Catedral, que está situada en la plaza del Obradoiro de la capital gallega, permanece cerrada. - Foto: Lavandeira jr

Sin peregrinos, no hay Camino. Los transeúntes comprendieron el mensaje desde el mismo momento en el que se instauró la alerta sanitaria y todas las rutas se vaciaron. Incluso a un ritmo acelerado. La Catedral de la plaza del Obradoiro, la tan ansiada y última meta, se encuentra cerrada, a cal y canto.
Ya nadie saluda, por tanto, con eso de «Buen camino», la alentadora frase que puso título a un documental, el de la cineasta Lydia B. Smith. Una producción de 84 minutos de duración en la que aporta una mirada introspectiva y plural sobre la que es, al menos a sus ojos y a los de los seis protagonistas reales, una aventura de superación, camaradería, hospitalidad y de mucho sentido del humor.
La Federación de Asociaciones de Amigos del Camino defendió desde el inicio de la crisis actual las consignas de «Peregrino, no es el momento», «El Camino puede esperar» y «Me quedo en casa», hiladas con un texto en su web en el que apelaban a la sensatez y, por ende, a «apaciguar las ansias» hasta que todo retorne a la normalidad en las próximas semanas, tal y como ha anunciado el Gobierno en el plan de desescalada.
También hubo medidas especiales tras el real decreto, pues la Xunta de Galicia habilitó las instalaciones del Monte do Gozo para aquellos que se hubiesen quedado bloqueados, en la parte final, hasta que encontrasen una solución que les permitiese volver a sus domicilios. Sin embargo, nadie llegó a recurrir a esta vía.
Las flechas amarillas, uno de los símbolos más internacionales de esta histórica ruta de peregrinación, a la sazón la más antigua, concurrida y celebrada del viejo continente, ya no guían a nadie. No hay romeros que porten las vieiras, o conchas, ni las mochilas, ya sea a pie, en bicicleta o a caballo. En la llegada, tampoco están los flashes que captan la magia de calcar con los castigados pies el destino anhelado.
Las instantáneas son muy diferentes de las que queman la retina. Captan el vacío. Y es difícil digerir que una tradición secular se haya esfumado de repente, aunque temporalmente, en un ejercicio de responsabilidad cívica.
También parecen haberse difuminado el Botafumeiro, el enorme incensario de la Catedral, y la tumba del Apóstol, dado que, aunque siguen donde siempre, permanecen en el templo sellado.
La duda más frecuente ahora entre aquellos que desean emprender de cero o retomar esta hazaña, como reflejan las redes sociales, es hoy: «¿En los albergues, ahora sin funcionamiento, habrá algunos cambios?». La corriente mayoritaria considera que sí, en el sentido de promover un mayor grado de intimidad, en lugar de tener tantas camas por habitación. Algo que no es incompatible con mantener una vida comunitaria durante el día, dilucidan.

 

Unir fuerzas

En la víspera del Xacobeo, el primero en más de una década, pues el anterior fue en 2010, este es el insólito panorama. El Xacobeo 2021, antes de la pandemia, iba además camino de convertirse, si los que tienen la mayor responsabilidad en su organización no lo remediaban, en el Año Santo de la discordia por las diferencias palpables una y otra vez puestas de manifiesto entre la Xunta y el Gobierno central. Ahora, la emergencia que ha paralizado el país, también ha dejado en barbecho este debate.
Quienes deberían unir fuerzas y empeños para hacer del próximo Xacobeo 2021 un evento para recordar por ser los que han de correr con los preparativos, la Xunta y el Ejecutivo central parece que se habían empeñado en hacer de tal acontecimiento uno de los arietes del que echar mano en la batalla política para tratar de restar fuerzas al contrincante.
Ahora todo está estancado, la prioridad es seguir conteniendo la propagación de la COVIC-19, pero una vez que las elecciones gallegas vuelvan a tener fecha, a buen seguro que continuarán al descubierto, y probablemente aún más, si cabe, las mencionadas discrepancias.
No en vano, la falta de armonía quedó patente al existir incluso dos comisiones, una autonómica que se encarga de la organización de los eventos propios del Año Santo, con la participación de varios departamentos, y otra constituida por el Gobierno para supervisar sus actuaciones en el jacobeo y en la que no tiene cabida el gobierno regional.
En lo que sí hay aquiescencia, al menos, es en que el Xacobeo, cuyo requisito es que el 25 de julio, Día de Galicia, caiga en domingo, ha de ser una oportunidad para la comunidad autónoma en los próximos años y hay que aprovecharla.