"La arquitectura es una forma de ver la vida"

I.Camarero Jiménez
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Arturo Blanco, uno de los dos socios del estudio ABLM, cuenta en su haber con no pocos premios de arquitectura, nacionales e internacionales. Suyos son proyectos como la residencia de jóvenes de la Junta o la futura sede de Cruz Roja

"La arquitectura es una forma de ver la vida" - Foto: Ana I. RamÁ­rez

Arturo Blanco (Ávila, 1968) lo tenía claro desde la niñez, su ilusión era ser arquitecto y ha cumplido su sueño. «La verdad es que me gustaba dibujar» algo que estima es «una herramienta para pensar», aunque «también me inclinaba por la historia o la filosofía y la verdad es que yo creo que me dio por esta profesión haciendo maquetas de madera, otra de las cosas que me encantaba. Al final yo creo que la decisión la tomé con 15 años y ya después me fui a Valladolid a estudiar la carrera».
Casi un cuarto de siglo lleva ejerciendo una profesión que le da la vida, en la que se siente realizado y además, a buen seguro, comprendido. No en vano comparte estudio con su actual pareja, lo hace en la firma ABLM, esto es Arturo Blanco y Laura Martínez, del mismo modo que lo hizo antes con la que hoy es su ex mujer en BmásC, cuando se iniciaba en la arquitectura profesional.
Estudió la carrera y mientras lo hacía lo cierto es que su intención no era volver a Ávila, «yo quería recorrer el mundo: de Valladolid a cualquier parte y eso que me encantaba Valladolid porque tengo un recuerdo muy bueno de entonces». Pero, cosas del destino, tuvo que volver a Ávila para cumplir con la objeción de conciencia en Narrillos de San Leonardo. Y en Ávila se asentó. Después de estudiar «fui haciendo trabajos con gente que conocía y montamos BmasC, estuvo en funcionamiento hasta el año 2012. Allí hicimos muchísimas cosas, entre otras hemos sido tres veces Premio de Arquitectura de Castilla y León y uno más que nos dieron en Nueva York en el año 2006, el Design Vanguard Award, en los que nos eligieron entre los 10 jóvenes prometedores y nos premiaron en la Bienal de Arquitectura Española». 
Poco a poco fueron ganando concursos, muchos de ellos fuera de Ávila y es que «desde Ávila o cualquier otro sitio puedes trabajar para cualquier lugar porque hay medios suficientes. También los había entonces en el año 1997/98, cuando empezamos».

¿Qué es lo primero que le viene a la cabeza cuando piensa en Ávila?
La ciudad tranquila, su relación tan cercana con el paisaje que la rodea y las miradas sobre el valle Amblés desde la acrópolis de la ciudad.
¿Qué es lo que más le gusta de Ávila?
Su dimensión de ciudad cercana. El tamaño de Ávila es ideal para desarrollarse como ciudad para los ciudadanos y para las relaciones humanas amables.
¿Y lo que menos?
Las oportunidades pérdidas, la falta de visión urbana, cultural e industrial de muchos de nuestros políticos y su dejadez. Ávila tiene unos potenciales formidables que no se dan en otros entornos urbanos y que en esta ciudad no se apoyan ni se tienen en cuenta ni se planifican.
Un lugar para perderse.
Toda la ciudad es una ciudad para perderse. Bajar por las diferentes calles del casco Histórico desde el Mercado Chico hasta el Puente Adaja, pasear desde el Parque de San Antonio hasta la Encarnación o extraviarse desde San Nicolás hasta el Monasterio de Santo Tomás. Ávila es una ciudad para perderse.
Un recuerdo de la infancia.
Jugar al fútbol en una tarde soleada de primavera en el atrio de San Isidro y otro recuerdo intenso es ver nevar, la noche de Navidad, tras los cristales de la puerta de la casa de mis abuelos en la calle del Pocillo.
Un personaje abulense que le haya marcado.
Son muchos, pero destacaría al arquitecto Ángel Hernández Díaz, uno de los eruditos que mejor conoce la ciudad y la provincia de Ávila, su visión global y nítida de la cultura abulense y de su Patrimonio, también nombraría a Emilio Rodríguez Almeida y a José Luis Pajares y por supuesto a mi padre.
El mayor cambio que necesita Ávila…
Aprovechar sus potenciales. Diversificar sus posibilidades, el turismo es muy importante, pero Ávila también puede ser una ciudad ideal para manifestar su interés por el sector tecnológico I+D+i, las energías renovables, el arte contemporáneo o los espacios para el bienestar. Los jóvenes emprendedores abulenses que tienen que salir de esta ciudad, necesitan más apoyos para poder mantener aquí sus pequeñas empresas o para que puedan venir inversores foráneos.
Y tiene que mantener…
Su tamaño, no tiene porque ser más grande o más extensa, tenemos que usar y regenerar las viviendas vacías y habitar el Centro Histórico. Lo importante son las relaciones cercanas y amables entre los ciudadanos y esta ciudad las tiene. Esta cuestión es muy difícil conseguirla en otras ciudades, pero Ávila tiene la escala adecuada.
¿Qué le parece la ciudad hoy en día?
Con muchas posibilidades. La dependencia actual del turismo cierra puertas muy atractivas. Ávila debe diversificarse para ser una ciudad abierta a otros intereses culturales como lo han hecho conocidas ciudades de su dimensión, necesita ser una ciudad viva y conectada.
¿Cómo ve Ávila en el futuro?
Excelente, siempre he sido y soy muy optimista, sino no se es. Pero una cosa muy importante, no tenemos que esperar al futuro, no tenemos que esperar que nos lleguen inversiones o infraestructuras, tenemos que construirlas nosotros desde la ciudad, ya, ahora, desde una visión abierta de nuestro día a día contemporáneo y aprendiendo del pasado.
¿Qué puede aportar a la ciudad?
El conocimiento modesto de otras ciudades en las que hemos trabajado. La visión de la vida desde la Arquitectura da una información muy precisa sobre la contemporaneidad. Es muy importante mirar otros lugares que han tenido problemáticas parecidas a las de Ávila y hacer nuestras sus herramientas y sus mecanismos. Al final el mundo es pequeño y las soluciones están muy cerca..