Los trashumantes ya están en casa

I.Camarero Jiménez
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El mirador del Puerto del Pico volvió a convertirse en un hervidero de gente para presenciar el retorno del ganado desde Extremadura y Castilla La Mancha hasta las cumbres de Gredos

Los trashumantes ya están en casa - Foto: Belén González

La trashumancia se convirtió este sábado y como suele ocurrir desde hace 17 años, cuando se celebró la primera jornada, en todo un espectáculo. Desde el impresionante mirador del Puerco del Pico en torno al millar de personas presenciaban el regreso del ganado a los pastos de Gredos. Unas tierras que en el Pico aún lucían verdes, pero menos que de costumbre y es que el secretario de la Asociación de Raza Avileña Negra Ibérica, esto es, Pedro Herráiz, relataba que de vez en cuando, porque es una cuestión de ciclos, se produce un mal año «pero con diferencia éste es el peor de los últimos 17, además si miramos los mapas de sequía, la zona norte y la oeste de Ávila es donde más está presente este mal». La falta de lluvias ha hecho estragos (y también las heladas que aparecieron cuando la hierba comenzaba a crecer «y ha machacado las siembras y los pastos»), no hay reserva de agua porque efectivamente no ha llovido, pero tampoco ha nevado, así pues las cosas están claras y «difíciles». Ya no sólo por dar de beber a las reses sino porque «no hay pastos» apenas.
Cualquiera que visite el puerto del Pico sabe que si llueve en algún sitio y con mayor frecuencia en tierras abulenses es allí, pero eso puede engañar al ojo humano porque los ganaderos que ayer estaban de camino a sus casas después de pasar el invierno en tierras extremeñas o castellano manchegas saben que las cosas son diferentes en esta ocasión. Algunos como José Andrés Torres, que ayer devolvía a su vacada trashumante a Navarredonda de Gredos tienen claro que esto «hay que afrontarlo con el bolsillo», no cabe duda, porque hay que comprar el alimento. «No nos ha llovido, no nos ha nevado y hay poco pasto y lo que hay es seco. Está fatal y habrá que afrontarlo dando pienso y paja». Torres regresaba de la zona de Mérida, lleva andando el camino cerca de 15 días: «Hemos tenido el ganado entre Aljucén y Carrascalejo y La Nava de Santiago», explicaba. «El invierno ha sido regular pero todavía hubo alguna tormenta que propició que pudieran comer, aunque hubo que ayudar un poco con el pienso».
Dicho todo esto, Herráiz tenía claro que la fiesta de la trashumancia sirve para dar a conocer una actividad ancestral que además es patrimonio cultural inmaterial pero que lo que necesita son ayudas para poder seguir en el camino. «Y también que se mantenga la cañada real para poder seguir además transportando semillas de plantas de un lado a otro, porque eso también lo hacemos a lo largo del camino», apuntaba Torres.
En torno al año 1990 eran en torno a 30.000 las reses trashumantes en Ávila. Año a año han ido en descenso, 12.000 se han quedado en el camino y restan del orden de 18.000 (de entre 250/300 ganaderías) que son las que siguen buscando pastos más cálidos en invierno y regresando en verano a las cumbres de Gredos. De todas ellas unas 4.000 ó 5.000 hacen el camino a pie. Lo que se necesita son sin duda «más ayudas», en Extremadura tienen ciertas subvenciones interesantes «a la trashumancia andando, por cada cabeza y día de movimiento» pero se necesita más y sobre todo en Castilla y León, reconocía y demandaba casi a la par porque aquí hay una ayuda «al pastoreo y a la trashumancia»
En su intervención ante los medios defendía la labor ambiental de los trashumantes, en especial en la prevención de incendios porque el monte «se lo han de comer», un pastoreo natural que además previene el fuego, sin combustible no arde. 
Al margen de problemas que ya han tenido y los que se avistan a futuro lo que no hay duda es que ayer la fiesta de la trashumancia fue todo un imán en este primer fin de semana de verano, y por tanto de vacaciones escolares. Un hecho que propició que entre el público que se situó en el entorno del puerto del Pico hubiera mucho niño ansioso de ver vacas, caballos y a sus jinetes ascendiendo por la calzada romana, siempre impresionante y gris y hasta llegar al descansadero del Pico. Son cerca de 300 kilómetros los que llevan a sus espaldas reses y ganaderos a razón de 18-20 kilómetros etapa/día y este año como decía uno de los propietarios de las reses que ayer cruzaban este lugar «en uno de los años más fríos de los últimos tiempos. Hemos tenido que ir con anorak hasta por el día».
Interesante y gran labor la de la Guardia Civil o la de Protección Civil tratando de gestionar el tráfico, siempre más elevado en fin de semana pero en especial en esta cita que interrumpe el paso de los coches en no pocas ocasiones en la N-502. 
Por cierto que junto al avistamiento de las reses y como es costumbre se preparó una degustación de Carne de Ávila regada con los vinos de las DO de Castilla y León, Cigales, Ribera, Toro y por supuesto, Cebreros.