El proyecto 'Ponte en mi lugar' se hace mayor

I.Camarero Jiménez
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La iniciativa solidaria que ayuda a 30 familias sin recursos, nació en la librería Senen hace poco más de dos meses;ahora la actividad se ha multiplicado por seis y Red Madre acude a su lado para arroparse mutuamente

El proyecto ‘Ponte en mi lugar’ se hace mayor

El proyecto ‘Ponte en mi lugar’ se gestó en la céntrica librería Senén. La crisis del coronavirus mermó en muchos casos las economías de no pocas familias y Mar Palacios, propietaria del establecimiento, quiso salir en su ayuda. Lo que empezó con cinco familias pronto se vio incrementado en número, multiplicado por dos, por tres... hasta por seis. 
En esta semana había en cola (y por supuesto atendidas) cerca de 30 familias a las que se presta ayuda en forma de alimentos, perecederos y no perecederos, donados por terceros o comprados con el dinero que sale de las donaciones de mascarillas solidarias y la venta de las infantiles, un proyecto que va en paralelo y que sirve para financiar la compra de telas pero también la de carnes, leche, fruta, verdura. Esas familias reciben de todo un poco, de lo que necesitan y, en ocasiones, cuenta Mar Palacios  «se intercambian entre ellas los productos que a unos les sobran y a otros les faltan». 
Mar está satisfecha y ella misma lo pone en casa por lo general. Al principio siempre lo llevaba, dado el confinamiento, pero ahora la gente se puede acercar, aunque hay cuestiones impepinables y es que «si me llaman de Danone para hacer una donación o fruta o verdura... lo tengo que repartir». Tampoco tiene espacio para almacenarlo, así que toca hacer los portes. 
En ese momento cuenta con ayuda extra, con voluntarios y es que esos voluntarios, esas empresas, particulares anónimos son los que han permitido echar una mano en los momentos de mayor dificultad. Ahora, cuenta Mar, que «se han dado de baja algunas familias porque con la reactivación y la desescalada han encontrado trabajo, pero vienen otras». Son muchos los que piensan que los malos tiempos seguirán después de la crisis y habrá que seguir ayudando. 
Desde que inició este proyecto crecieron las familias, a las que también se ayuda con la impresión de deberes, con grupos de whastsapp en los que informan de ofertas de trabajo, pero también crecieron los colaboradores, muchos no quieren salir. Son carnicerías, son fruterías, son granjas, firmas nacionales, son tiendas de juguetes, papelerías. Se ha sobredimensionado de algún modo y ella no tiene tanta infraestructura, de ahí que aunque ella va a estar en el proyecto le da la bienvenida a Red Madre que ha querido acercarse a él y ampliar su margen de ayuda social. 
Digamos que se necesitan mutuamente y de algún modo ya estaban colaborando antes. Red Madre ayuda especialmente a mujeres en riesgo de aborto «con ayuda de todo tipo», pero ahora dada la situación, también a las mujeres con bebés, a las familias monoparentales con niños hasta dos años y últimamente además hay un ‘boom de mellizos’ a los que se ayuda también hasta los dos años. 
El margen de actuación se ha ampliado, relata Gema, su responsable en Ávila. En ocasiones es Mar quien nos los envía y también la que nos ayuda en especie porque «al ser cada vez más, todo se gasta cada vez más rápido». «Estamos intentando ayudar  teniendo en cuenta nuestras escasas posibilidades, pero priorizando ese segmento de niños hasta dos años. En su caso es leche, cereales, ropa». De esta última es de la que disponen en mayor cantidad, pero desde luego lo primero no es secundario. Siempre con límites porque «no puede ser de forma indiscriminada. Eso sólo podría ser si tuviéramos unas donaciones maravillosas como le ha ocurrido a Mar». Es importante ayudar en el desarrollo de los niños en una etapa tan importante y Mar les ha derivado algunos porque «es en lo que está más desabastecida», pero «si por medio de su proyecto nos llegan donantes, bienvenidos sean, donaciones, proveedores». Ellos atienden a 15 mujeres (y algunas de ellas con sus bebés).
Reconoce Gema que ha sido econoce Gema que han sido dos meses muy duros pero poco a poco vuelven a la normalidad, han recuperado a sus voluntarias, en general mayores y por lo que había que cuidarlas y evitar que salieran para no contagiarse.