Locos por los cacharros rotos

E.Carretero
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Este jueves arrancó el primero de los tres talleres que el Museo de Ávila ha programado esta Navidad para que los más pequeños den valor a lo que a simple vista parece imperfecto

Locos por los cacharros rotos

Muchas veces lo que puede carecer de importancia tiene mucho más valor del que nos creemos. De eso saben mucho los más pequeños que pocas veces tienen como juguete favorito el último que le han regalado y el más caro y suelen, por contra, elegir como preferido alguno ya roto, muy usado, de poco valor económico o heredado de algún primo o algún hermano al que sin embargo se sienten unidos de forma especial por distintos motivos.   
Algo parecido les pasa a los arqueólogos y a quienes trabajan en los museos para quienes los restos que se encuentran en los yacimientos y las piezas, muchas veces reparadas, que se exponen en las salas tienen un valor importantísimo no solo por su antigüedad sino por la información que sobre una época pasada aportan. De hecho, descubrir la belleza de lo imperfecto es el objetivo del taller infantil que estos días imparte el Museo de Ávila.
«Muchos objetos, que apartamos de nosotros por viejos o deteriorados, pueden resultar cosas bellísimas con sólo arreglarlos un poco, o mirarlos de otra manera», les explicó este jueves Charo Santamaría, responsable del área de educación del Museo de Ávila, a los primeros ‘alumnos’ de este taller que lleva por nombre ‘Los locos de los cacharros rotos’.
Los arqueólogos y quienes trabajan en los museos «somos unos locos de los cacharros rotos» aseguró Santamaría para referirse a esos restos de cerámica, metal o madera que, muchas veces reparados y con no todas sus piezas, se exponen en las salas de los museos como verdaderas obras de arte que son. Es más, explicó Santamaría a pequeños como Miguel Ángel, Dani, Catalina, Paula o Gonzalo que en los museos lejos de ocultar esas reparaciones las mismas se muestran y dejan a la vista. «La reparación es una forma de revalorizar el objeto no solo para su reutilización sino también porque forma parte de su historia y porque así celebramos sus defectos», les dijeron en el Museo a los primeros asistentes a este taller que se repetirá este viernes y también el día 7 de enero y que ya ha llenado todas sus plazas.
Además de una visita a algunos de los 'cacharros rotos' que restaurados se exponen en este museo, como parte de una vidriera de la iglesia románica de San Pedro, y de ver cómo los arqueólogos inventarian las cientos, miles en muchos casos, de pequeñas piezas que se pueden extraer de un yacimiento también tuvieron ocasión estos pequeños de reparar un cacharro roto, en este caso una maceta hecha añicos que a partir de ahora seguro ninguno verá como un cacharro roto y que seguro que expondrán en algún lugar destacado de su habitación como recuerdo de esta divertida y didáctica mañana en el Museo.