CARTA DEL DIRECTOR

Pablo Serrano


Domingo de Resurrección

04/04/2021

Domingo de Resurrección de 2021. Ávila, en otras circustancias, amanecería con los cohetes del Resucitado, y le seguiría la procesión desde la parroquia de la Sagrada Familia, la subasta en El Pradillo sin que faltara el tradicional hornazo que compartirían familiares y cuadrillas de amigos al más puro estilo tradicional.
Vivido desde la fe sería el día más importante del año, en el que se recordaría la resurrección de Jesucristo. Un día alegre, tras la penuria, el tormento y el luto vividos durante la semana de Pasión, que cada año se recrea con manifestaciones populares en todo el mundo, y que, por segunda primavera consecutiva, en España no se ha podido celebrar como se esperaba y deseaba.
Y todo, porque aunque no se ha reconocido de forma tajante, hubo un error en plantear medidas demasiado laxas en navidades. Sí, claro que he escuchado a algunos responsables políticos cuestionar a toro pasado que quizás no se tomaron las medidas más adecuadas con el fin de ‘salvar’ la Navidad. Pero cuando un cargo público asume esa responsabilidad, debería hacerlo con menos complacencia. No, claro que no hay que lapidar a nadie como sucedía en época de Jesucristo, cuando trataron de apedrear a la adúltera. Pero de ahí a reconocer el error sin más, se me antoja demasiado generoso. Se supone que en el momento más complicado de la humanidad de los últimos cien o doscientos años estamos gobernados, dirigidos y protegidos por los mejores. O eso nos cuentan. ¿Cuántas veces hemos oído hablar de los comités de expertos y que son nuestros particulares sabios del Sanedrín? ¿O acaso estos sabios han recomendado medidas que el político no ha decidido cumplir? Ese es el problema de este tiempo, que las incongruencias se acumulan porque a veces se toma un criterio, otras otros, y su hubiera dos más que se pudieran aceptar, en algún momento también habrían sido válidos.
Así estamos envueltos en este maremágnum de confusiones del que lamentablemente, hasta el momento, nadie ha asumido la responsabilidad, y mucho me temo, que escampada la tormenta, no habrá quien quiera asumir los errores cometidos. Así nos va.
A pesar de las limitaciones impuestas, a partir de este Domingo de Resurrección seguiremos siendo testigos de una tendencia ascendente en casos de coronavirus y brotes que volverán a tensionar (confiemos que no tanto) el sistema sanitario. Todo ello, mientras se vacuna a un ritmo del 80 por ciento de dosis adminsitradas sobre las recibidas (un ocho en argot colegial), cuando estaríamos deseando que se inocularan a un velocidad más próxima al 100 por cien. ¿Por qué se quiere centrar el discurso de que se necesitan más dosis cuando aún hay un 20 por ciento de las recibidas sin administrar? Claro que hace falta que lleguen más, muchas más. Pero a ver si, entre tanto, nos va a pasar lo que sucedía en el colegio siendo niños, cuando pedías un bolígrafo nuevo y el profesor te lo negaba diciendo que aún tenías un dedo de tinta en aquel soporte trasparente. Todo ello sin profundizar en el desconcierto que están generando estos sueros y la preocupación que está trasladando a la ciudadanía, que, como siempre, está demostrando un comportamiento más que cívico, y a pesar de toda la confusión, masivamente está pidiendo una vacuna ya.
Por último, este Domingo de Resurrección vuelve a llegar el papel hasta el lector y el suscriptor de esta cabecera. Como ya sabrá, este periódico, como otros de nuestro grupo de comunicación Promecal, ha padecido un ataque informático brutal que ha impedido que nuestras ediciones del Jueves y Viernes Santo pudieran publicarse. Por dar cierto sentido a todo este sinsentido, valga la redundacia, quiero creer que habrá sido alguien cercano a quienes no aceptan la libertad de expresión los que han provocado este ciberataque que no ha conseguido doblegarnos. La libertad de expresión  es uno de los grandes valores de este tiempo, tal y como hemos comprobado estos últimos días, y así lo debemos proteger.
Me quedo con las muestras de apoyo y solidaridad que compañeros, amigos, familiares y conocidos nos han brindado durante estos últimos y tan complicados días. Así como la comprensión de nuestros lectores y anunciantes, con quienes hemos sinceros desde el primer momento. Y la profesionalidad de todos los técnicos y el resto de gente de mi equipo que se han volcado, no se pueden imaginar hasta dónde, para que hoy, Domingo de Resurrección, vuelva a tener Diario de Ávila, su ‘diario’ entre manos.