En corto y por derecho

Chema Sánchez


El gatillazo

20/03/2021

Van a su bola, no conocen ni el mundo que pisan. La reflexión no es mía, pero vamos a tener que ir secundándola. Con los acontecimientos de los diez últimos días en el tablero político nacional y autonómico, ha quedado claro que esos votantes a los que nuestros representantes visitan vestidos con una sonrisa cada cuatro años, importan poquito el resto del tiempo. O nada. Todos estos meses están dejándonoslo claro. Lo ocurrido en las dos últimas semanas en diferentes partes de España parece la gota que colma el vaso. Incluso aunque los medios de comunicación más importantes sólo se acuerden de lo que ocurre en una región, como también sólo rememoran que Filomena paralizó esa tierra durante unos días, allá por enero, y parece que no afectó en absoluto al resto del país. ¡Ya vale! Todo lo acontecido, como digo, es de enorme gravedad. Demuestra algo que ya ve hasta el más ciego, que convierte en indefendible la faceta interesada de una casta política -la antigua y la nueva- desgastada, que debe hacer un examen holístico de conciencia, porque estos hechos dejan a las claras que lo único que parece preocuparles es saber quién tiene la osadía más larga. El gatillazo, el titular fácil y, si es intrascendente, da lo mismo.
Pero, vayamos a la teoría, que la práctica ya nos la brindan otros...
En política un tal Max Weber (1864-1920) intentó clasificar los sistemas de dominación, a partir de tres modelos: la autoridad tradicional, la carismática y la legal-racional. Para el pensador alemán, la autoridad tradicional viene a ser, en sociedades clásicas, la que imponen las costumbres. La segunda forma, la carismática, habla de los personalismos, que parte de las cualidades del líder, de su capacidad de ganarse el respeto de los demás. Recordemos el tercero: la autoridad legal-racional, que en los últimos tiempos ha desplazado a la primera, y que tiene como representación un macro-ente plagado de estructuras y dotado de un bloque de personas que supera, con creces, las necesidades reales que tiene la ciudadanía. ¿Les suena?
Pero, vista esa parte, ¿existen otros sistemas representativos mejores que el español? Sin ningún género de dudas. Como siempre dejamos todo para el final, llegará una tal Leonor a estar a los pies del trono y aún no se habrá reformado una constitución que ha dado excelentes resultados y hemos de preservar, pero que claramente requiere un barnizado. En España, volviendo a lo de nuestros representantes, en ocasiones sólo vemos esas sonrisas una vez cada cuatro años y… ¡a jugar! En los últimos tiempos, además, con actores que demuestran por qué la gente más preparada cada vez menos se decide a dar el paso al maravilloso mundo de la cosa pública.
Y todo ello en una sociedad cada vez más polarizada, en la que ya agotan los extremismos ideológicos, de unos y otros. Escuela pública frente a concertada, ¿por qué? Eutanasia frente a provida… Parece que tienes que comulgar con ruedas de molino, porque la marca de neumáticos que calza el de enfrente es mucho mejor que la tuya. Y si no te gusta la idea, pues te pincho el neumático. Éste es el nivel. Y no te quejes. Pero lo grave no es eso, -cada palo aguantará su vela-, lo peor es que estamos en mitad de una mortífera pandemia de la que no vemos final y parece importar poco. Ya lo cantó, a finales de los 60, ese hombre con el tanto se bromeaba ayer en el día del padre, Julio Iglesias: la vida sigue igual… Por cierto, él sí tiene méritos, como ser el artista latino que más discos ha vendido, más de 300 millones. No como otros… Ya me entienden.