Editorial

Un nuevo desafío, en especial para las residencias

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Una de cada cuatro personas tiene más de 65 años, y en 2050 será una de cada tres

La incidencia de la COVID-19 en las residencias de Ávila en la primera oleada ha sido alta, una de las más altas de Castilla y León. Tanto es así, que la mitad de los centros de esta naturaleza adolecieron de contagios. Lo más grave, sin embargo, ha sido la cifra de fallecimientos, que prácticamente suponen la mitad del global en la provincia, que es de más de 300 personas si tomamos los datos hospitalarios y residenciales con prueba confirmada. Las cifras hablan por sí solas, además de las historias humanas y familiares que, individualmente, conllevan mayor carga emotiva y hasta ‘política’ que la pura y dura estadística diaria o quincenal. Sin duda se han producido muchos errores, como en la gestión global de la pandemia. La Consejería de Sanidad de la Junta, no al nivel que todos desearían, también ha hecho autocrítica y ha realizado un creciente esfuerzo de transparencia a través de su portal ciudadano para evitar especulaciones y desinformación. Es obvio, sin embargo, que queda mucho por implementar y, a pesar de que estamos en el umbral de una preocupante segunda ola, aún hay tiempo. El horizonte al que se enfrenta la región, y la provincia de Ávila, tiene una singularidad enorme. Es un territorio muy atomizado en lo poblacional, vaciado en lo demográfico y con una radiografía generacional en la que casi una de cada cuatro personas tiene más de 65 años. En Ávila, en concreto, hablamos de unas 40.000 personas. A partir de esa edad, la esperanza de vida media es de 21 años. De acuerdo con las estimaciones del INE, en 2050 el porcentaje será de un tercio de la población.
El coronavirus de la COVID-19 sitúa esta previsión en primer plano. En la autocrítica habría que incluir el déficit de controles e inspecciones en los centros de mayores por insuficiente volumen de personal para estos cometidos, teniendo en cuenta que en Castilla y León hay un millar de geriátricos. Además, la Organización Mundial de la Salud recomienda contar con cinco plazas por cada 100 personas mayores de 64 años. Para cumplir este ratio, España debería construir 100 residencias al año para generar 400.000 plazas hasta 2050. Un verdadero desafío a largo plazo, del que parece nadie habla. Inmersos ya en una segunda oleada de contagios, lo más urgente es potenciar e incentivar la contratación y la disponibilidad de una bolsa adecuada, no solo de inspectores, sino fundamentalmente de trabajadores para los centros residenciales y activar la máxima coordinación y armonización de estrategias entre las administraciones ante los futuros contagios en estos centros, que han sido verdaderas ‘trampas’ sanitarias en muchos casos. El material, la protección y los protocolos eficaces tienen que estar garantizados. Al respecto, hay que subrayar que ha sido positivo el anuncio de la Junta del proyecto ‘Residencias digitales de Castilla y León’ para lograr la conectividad entre residentes y sus familias, así como entre los sistemas de gestión de los propios centros y los sistemas de salud. Ese es un buen camino.