El Corrillo

Pablo Casillas


Menos que el lobo

23/02/2021

Los españoles tenemos menos derechos que el lobo. Al menos los que vivimos en determinados territorios.
    El Señor que Preside el Gobierno de la Nación, las Señoras y Señores que forman el Consejo de Ministros, han decidido que los españoles estemos por debajo del lobo en la escala de derechos, y así se refleja tanto en las formas políticas en cómo están gestando la Ley de Protección a la Naturaleza que van a aprobar, como en el contenido de fondo que tendrá la Ley.
    Comenzaré mis reflexiones refiriéndome al ámbito político de la Ley.
Miren, resulta que éste Gobierno ha decidido constituir una mesa “bilateral” para negociar con Cataluña. Y lo mismo hace con el País Vasco. Estas Regiones, sus políticos, -salvo unos pocos-, dicen que hay asuntos que son cosa “suya”, que los demás no pintamos nada, que, por ejemplo, ha de hacerse allí un referéndum de autodeterminación sin contar con nadie más.
Pues bien, si esto lo extrapolamos al tema del lobo, díganme qué pintan tomando decisiones sobre el lobo Regiones que ni tienen ni tendrán nunca lobos, las cuales, por cierto, son las que, conjuntamente con el Gobierno, han venido a dejar claro  que el lobo está en una escala superior al hombre en determinados territorios.
Comunidades como Cataluña, Castilla La Mancha, Rioja, Navarra, Extremadura, Aragón,  Baleares, y la Ciudad Autónoma de Melilla¡,  no tienen lobos, y, sin embargo, son las que han decidido que ha de considerarse especie súper protegida, por encima de hombres y mujeres, de los animales que les permiten su subsistencia. 
Si los independentistas vascos y catalanes, y mañana vete tú a saber cuáles otros que se lo propongan, son los únicos que tienen “derecho” para decidir sobre su territorio, por tratarse, dicen, de un asunto  de su “exclusiva competencia”, otro tanto debería suceder con todas las materias, entre ellas la que nos ocupa en éste artículo.
Véase, por otra parte, que en los territorios montaraces de España no todos son independentistas, sino que hay millones de personas que no lo son, no como en el caso del lobo, el cual no se encuentra, -e incluso ni se le espera-, en esas Comunidades que han decidido su protección especial.
Siendo esto así, si resulta que respecto del lobo pueden decidir todos, aunque no les afecte, no me negarán  si no se puede establecer la afirmación de que los lobos, -y por ende quienes les defienden a ultranza-, tienen más derechos políticos que otros muchos españoles. 
Desde el punto de vista medioambiental, socio económico y humano, obligado resulta destacar que las gentes del campo y las Comunidades donde hay lobos no quieren exterminarles, lo que pretenden es su protección, pero desde el necesario control del mismo, de forma que no puedan campar por sus fueros, que tal sucederá con la Ley que quiere aprobar el Gobierno. También quieren esas personas, por descontado, poder vivir dignamente de su trabajo, sin mermas ocasionadas por res nullius de las que son únicas responsables las Administraciones, y que sus territorios no se despueblen más. 
Sucede que quienes viven en el campo son los primeros interesados en proteger la naturaleza y el medio ambiente, y, de hecho, si tenemos en la actualidad un hábitat digno de referencia en Europa se debe a ellos, no a las gentes de ciudad, con incluso los que integran los  grupos ecologistas, por cierto importante lobby con gran capacidad de influencia política, pues que si se va a alumbrar la Ley se debe mayoritariamente a ellos, a su sesgo sectario compartido de plano por el Gobierno. Son las gentes del campo las que con gran  esfuerzo y cariño, y siempre con pocos medios, han conservado y conservan  la naturaleza. 
El medio ambiente no se puede separar del ámbito humano y por lo tanto también de la esfera económica, y en éstas dos últimas facetas las gentes del campo, que son los auténticos conocedores de la naturaleza por vivir constantemente en ella, han advertido, con datos objetivos, compartidos por especialistas, el hecho de que va a resultar catastrófica una Ley como la que pretende el Gobierno, incluso para el propio lobo. 
Si ya de por sí la vida en el campo es muy difícil y complicada, -y buena prueba de ello es que cada vez hay menos personas que quieran vivir en el mundo rural-, la imposibilidad de controlar el crecimiento del lobo, cuando resulta que éste ya no caza animales salvajes, sino domesticados, cuando, además, no caza para comer, sino que mata de forma indiscriminada, va a conllevar el abandono de la ganadería extensiva y por lo tanto de una parte muy importante de la vida humana en el mundo rural, que dejará de estar cuidado y atendido, con el consiguiente detrimento para la naturaleza.  
Mucho han de luchar los ganaderos y quienes les apoyan/apoyamos, sus sindicatos, también los pueblos y Comunidades donde radica el lobo, puesto que si se pierde la batalla se perderá la guerra, porque aquí no va a haber vuelta atrás. Los lobby ecologistas son tan poderosos, tienen tanta influencia política, que ningún gobierno va a revertir la situación, no se atreverán a derogar la norma por miedo al desgaste político que supondría, especialmente en aquellas comunidades o regiones que poco le importará que el lobo haga destrozos y que las gentes de otros lugares pierdan su patrimonio y se tengan que ir de otros pueblos, y buena prueba de ello la tenemos en éste momento. 
En el marco de la lucha para que no salga adelante ésta Ley, argumentando razones medioambientales, económicas, políticas y humanas, deben primar las últimas. Y en este sentido, se debe instar de todas las Instituciones y Organismos, Mundiales, Europeos y Españoles, la necesidad de que se declare “especie protegida” a las personas que viven en nuestro medio rural, despoblado. Puestos a tener derechos, si se consigue que se declare a las mujeres y hombres de nuestro ámbito rural “especie a proteger”, por estar –ellos sí-, en peligro de extinción, creo que estarán por encima del lobo. A lo peor, algunos pondrían detrás del lobo al ser humano, pero, al menos, existiría una protección especial, y con ello una esperanza de poder sobrevivir y de que el mundo rural no desaparezca en nuestros territorios.



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