La mirada escrita

M. Rafael Sánchez


Destino colectivo

04/01/2021

Cuando los problemas son globales, las soluciones también lo han de ser. Esto, que parece una verdad de Perogrullo, no ocurre en la práctica. Y no tenemos más que enumerar cuales son estos problemas para darnos cuenta que no todos los continentes, países o personas reman en la misma dirección. La última crisis global que estamos viviendo es la del Covid y es un ejemplo más de esta afirmación. Aunque una gran parte de los gobiernos mundiales reman en la dirección que aconseja la ciencia y la salud, vemos cómo dentro de los mismos países hay personas, grupos políticos, sectores sociales, que no lo ven así –o no les interesa verlo- y su afán es demoler la cultura médica o científica sobre el tema o derribar a los gestores políticos de turno. Es el tiempo del Todo vale. 
Pero este ejemplo me sirve de introducción para nombrar otros escenarios de crisis, como son el deterioro ecológico de nuestro planeta, la insolidaridad migratoria, la inercia cultural e intelectual, la desigualdad económica, las tensiones geopolíticas, el desencaje ético, la desglobalización patriotera… Todas estas crisis son globales y afectan, prácticamente, a todo el planeta.
Creíamos que determinados problemas eran individuales. Que la economía, la salud, el entorno, etc., afectaban de forma individual a cada cual y que era individual la solución. Pero resulta que, como ya James Lovelock y Lynn Margulis demostraran hace más de 50 años al crear la Teoría Gaia, nuestro planeta Tierra -en su totalidad, incluyendo seres vivos, océanos, suelo y atmósfera-, funciona como un super-organismo que modifica activamente su composición interna para asegurar su supervivencia, por lo que la modificación sustancial de alguno de sus componentes, pongamos por ejemplo la atmósfera con su contaminación por gases que actúan como efecto invernadero, causa al resto del Planeta un efecto negativo, al que llamamos calentamiento global. Pero en tiempo de globalización política, tecnológica, económica, cultural…, estos aspectos también son afectados.
Ya sabemos que para eximirnos de nuestra culpa, de nuestra responsabilidad, siempre echaremos la culpa a los otros. Siempre el culpable es el otro, sea persona, país, grupo... Lo expresó Jesús en el evangelio de Lucas cuando dijo, ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? Puede que la explicación sea que aún gobierna la mente y emociones lo más primario de nuestra condición humana.
Esta crisis global afecta a todos y todos deberíamos ser conscientes de ello. No son cuestiones agoreras y exageradas de ecologistas, radicales o activistas por los Derechos Humanos. El pasado 16 de diciembre Martin Wolf, comentarista económico jefe del Financial Times, ante los retos provocados por estas crisis, apuntaba que El mayor reto será poner en marcha una cooperación global que hoy no existe. Es urgente esa cooperación y, como en su libro El desajuste del mundo Amin Maalouf expresa, El tiempo no es nuestro aliado, es nuestro juez y ya estamos con un aplazamiento de condena.