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David Ferrer

Club Diógenes

David Ferrer


Has perdido tu tren

16/11/2022

Has perdido tu tren. Fue una canción icónica de los ochenta. Pero no teman que me ponga nostálgico ni que reivindique la falsa memoria del tipo «yo fui a EGB». Voy a hablar de España, de Castilla y León, de Ávila que, aunque no lo parezca, también es España, y de Castilla y León, que ni Gallardo sabe bien lo que es. Y voy a centrarme en 2022. No vamos a ir más lejos, entre otras cosas porque Renfe no nos deja ir rápido ni lejos.
8.50 de la mañana. Un viernes. Estación de Ávila. Unos labriegos y santos de rostro adusto, seco y dolorido nos miran desde las alturas. Dicen que son un encargo que un Ministerio le hizo al pintor José María Gimeno Ávila. La estampa nos remite a otra época fría y a piedras en los caminos, a mojones que dan cuentan de las leguas.
Pero debajo de estos murales se junta un grupo de jubilados. Se acercan a la taquilla y preguntan si hay posibilidad de poder ir y volver en el día a Salamanca. El empleado les dice amablemente que pueden ir, pero que ya no quedan billetes para la vuelta, que lo intenten otro día. Y eso hacen.
En un martes frío de Salamanca, y Alejandro, un estudiante de la universidad, intenta en un hueco libre coger un billete para el siguiente viernes y poder regresar a casa con su familia. Es imposible. Automáticamente debe probar suerte en los buses de Avanza o en el bla bla car, cuyas disponibilidades se llenan por lo mismo cada día. Alicia vive en Valladolid y viene a Ávila todas las mañanas para dar clases, al menos mientras le dure una interinidad que ha conseguido. Además de los exámenes, de las correcciones, de las programaciones y tablillas absurdas que este año le exigen (de eso hablamos en el articulo pasado) y de la preparación de las clases en sí, cada tarde se hace  un esquema en una libreta mientras intenta coger los trenes para cada jornada. Coger el tren es jugar a los barquitos, este lo toco, este lo hundo. Con suerte ha conseguido tres billetes de ida, cuatro de vuelta y tendrá que apañárselas para los demás trayectos de la semana.
Lorena y Rebeca hacen un ciclo formativo. Tienen 21 años. Desde que salieron los bonos de Renfe se hicieron un planning y cogen billetes para casi dos meses. Su destino es Madrid, se hacen fotos en la Gran Vía, comen en Goiko Grill, compran en Primark y se vuelven. A veces han perdido alguno de los trenes que tenían reservados porque surgió el plan de pasarse por una sesión tardía del Fabrik y alguien las trajo de vuelta.   Ernesto   tiene   una   hermana   enferma   en   una   residencia   de   Madrid.   Suele visitarla tres veces por semana y el tren le gusta, porque le permite ir leyendo o escuchar algún podcast en las casi dos horas de trayecto. En realidad piensa que Renfe hace un favor a los lectores, pues recorridos tan largos facilitan que alguien concluya hasta Ana Karenina. Más de un día, desesperado por no conseguir billete, se ha subido sin él. Había asientos libres.
A veces las buenas intenciones son perversas. A veces la cultura de lo gratis, el regalo ciudadano y electoral conlleva fracasos. 
Señor   presidente,   señora   ministra,   señores   consejeros,   políticos   todos.   Han perdido su tren. Ávila, España, lo perdió ya hace tiempo por su culpa.