José Ignacio Dávila

Pensando

José Ignacio Dávila


Las declaraciones de derechos

22/07/2021

Las declaraciones de derechos, en nuestro ámbito de cultura occidental y democrática, parten de la primacía del derecho como forma de adecuación del equilibrio de los poderes del Estado Social y Democrático de Derecho. Es la presencia del constitucionalismo moderno, en nuestra casa, para la convivencia de todas las opciones políticas que han sabido construir una democracia avanzada: prima el valor de la soberanía nacional, el encuentro del consenso constituyente de la sociedad avanzada que hemos decidido seguir edificando, y es normal que las decisiones por el predominio de los derechos y libertades fundamentales sean llevadas a cabo, y respetadas.

En la historia del constitucionalismo siempre se ha partido con el reconocimiento de las declaraciones de derechos: a) es una realidad por encima de todo debate que cuestione su primacía; b) los derechos fundamentales son previos a las normativas constitucionales, que los reconocen; c) por ser el gran tesoro de toda la ciudadanía que debe ser defendido, de aquí su importancia; d) son previos a la Constitución y su defensa por los distintos modelos de Tribunales Constitucionales, en una sociedad realmente democrática, es independiente de la orientación de los Jueces y Magistrados; e) en la defensa de la Constitución, como baluarte de la presencia y vigencia de los derechos fundamentales, esta es la realidad, como parte de la herencia constituyente; como el ejemplo la Constitución francesa de 1958, que sigue remitiéndose a su Constitución de 1789: La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (que abrió las puertas de la historia al Constitucionalismo occidental, y la mente y a los afanes por la libertad a muchos).

La defensa de nuestra concepción de la vida en libertad, el respeto de los derechos y obligaciones en la presencia de la dignidad de la persona, en la ley de la libertad, la justicia, la igualdad y de la filantropía entre todos los ciudadanos soberanos, está por encima de todo particularismo: da entrada al pluralismo político en la colaboración de las distintas opciones que tienen vivo su compromiso por nuestra sociedad; es la cultura política occidental en nuestro tiempo de vida medido por las horas de trabajo social de la acción política por una sociedad de todos para todos, en nuestra sociedad que debe sumar los tiempos de las opciones políticas, todas y cada una, para que la luz que ilumina el camino de la convivencia en una sociedad decente, que no se pueda sentir amenazada por las visiones tiránicas ya condenadas por el tribunal de la Gran Historia y recordada en los sagrados homenajes a los que vieron sus vidas comprometidas por hacer realidad la vida por vivir, de generación en generación.

Nos dicen los constitucionalistas que la democracia occidental ha puesto en manos de nuestras generaciones el inicio de la edad de los derechos, maestros que nos abren los ojos ante las crónicas de lo bueno y lo mejorable; lo malo y lo peor que evitar; y los sabios de cada generación, de la vida de nuestra casa, quienes nos han contado la verdad real, para saber lo que es nuestro derecho y la obligación del Estado para cumplir con su deuda de cada día con los ciudadanos.

Por aquí cada uno conoce lo que la vida ha supuesto para cada familia, el dolor y error de cada enfrentamiento y que la superación de las pandemias virales, sociales, es una suma de todos para todos, que cada día tiene su afán y el camino por recorrer es muy duro si no nos apoyamos. De aquí que en los tribunales de la historia constitucional por encima de las opciones políticas, prima la Constitución y así deberá serlo, para evitar que se repita la frase de que por encima el programa político ; y si no, la Constitución; y si no la Revolución;… y vuelta a empezar para comprender lo que nos pasó, por no haber sido capaces de modular nuestras voces para cantar en el camino juntos en el coro social de la convivencia para la libertad (con sitio ya acogida de todos, aunque no se cante bien, no se pueda, no se quiera,…) en el respeto de toda mujer y hombre en su dimensión vital personal y social, cumpliendo con las normas de la justicia social real, y no del papel…, para que nadie se quede aparcado y debilitados sus derechos reconocidos constitucionalmente, ni apartado indefenso y limitado su acceso a la luz social de la vida por vivir con decencia, por abandono, egoísmo e indiferencia...En los debates sobre la defensa de lo nuestro de cada día, amparado por la ley de leyes de la humanidad en toda su dignidad, y justicia social real, siempre debe existir comunicación para que las dimensiones morales, políticas y jurídicas nos den la sensibilidad social que marca el tiempo de la vida de cada uno al amparo de los derechos y obligaciones que nos pertenecen en nuestra soberanía, representada en la vida de cada ciudadano, en el respeto a la Constitución evolutiva como la realidad social de cada familia, casa, pueblo, ciudad y comunidad, en el Estado que nos hemos entregado todos para todos, al amparo del Tribunal de la Historia, de la Constitución y de la Vida social, en la realidad de cada día y no en la mera elocuencia del turno ni alternativa que toque. Siempre debe primar el respeto a los derechos, obligaciones y deberes fundamentales, personales y reales, con la luz que nos entrega el juicio del tribunal de la historia.