In@formación

Francisco Javier Sancho Fermín


La luz como protagonista

19/06/2020

Aunque con la rutina a la que nos ha sometido el confinamiento uno fácilmente puede perder el sentido del tiempo, a nadie se le escapa que ya los días están alcanzando su zenit de luz. En breve daremos inicio a la estación del verano. Y con ella, casi como si de dos enamorados se tratase, nos llega el final del estado de alarma.
Podríamos rememorar los sentimientos que en los años pasados provocaba en nosotros la llegada del verano: días largos, calientes y soleados, tiempo de vacaciones, jornadas para compartir largas veladas con familiares y amigos, paseos, salidas, mar, montaña…. En definitiva, sentimientos que nos invitaban a «disfrutar de la vida», acompañados del descanso, el tiempo favorable y las ganas de hacer fiesta.
Gran parte de todos esos sentimientos que formaban parte de nuestra cotidianidad, también ahora tímidamente se despiertan: en algunos con mayor intensidad después del encerramiento, y en otros surgen acompañados de miedos y temores. También para muchos no deja de ser un tiempo todavía de grandes incertidumbres, y para un sector muy importante de la población un tiempo de crisis, de carencia, de falta de trabajo y de lo necesario para vivir. Volvemos a una especie de normalidad condicionada. Y no nos queda más remedio que acoger prudentemente el reto y las precauciones que nos impone la pandemia.
El esplendor de la luz que nos llega a partir del 21 de junio, si lo reducimos exclusivamente a lo externo, puede ser una fuente de frustración. La realidad, de la que no podemos escapar, aún cuando se pretenda pintar de falacias y de colores fosforescentes, no siempre es ni tan cruel, ni tan “light” como se presenta. Nos da muchas oportunidades para activar en nosotros lo más grande y hermoso que llevamos dentro. De cómo cada uno se posicione frente a esta situación totalmente anormal, dependerá la posibilidad de dejarnos iluminar, de dar sentido y valor a todo lo que tengamos que afrontar.
Las tensiones, los radicalismos, las mentiras, la ideologización de las cosas nos han venido acompañando en estos meses. Hemos vivido una primavera en la que más que percibir la vida naciente, nos hemos visto sumergidos en una especie de surrealismo catatónico. ¡Pero ya es tiempo de despertar! Es tiempo de respirar, de abrir la mente y el corazón, de dejarnos iluminar y calentar por lo bueno, bello y grande. Es necesario aprender a renovar nuestra mirada. Mucha gente me transmite sus ansias vitales de que este verano pueda ser un tiempo de verdadero relax, sobre todo interior.
La luz penetra en la habitación gratuitamente. Solo es necesario quitar de en medio aquello que la impide adentrarse: hay que levantar las persianas, limpiar los cristales, correr las cortinas. Hay que volver a lo concreto de la vida, salir de las redes y de los medios, respirar aire puro, el de las personas que nos quieren y no pretenden ni engañarnos ni manipularnos. Hay que limpiar los propios cristales, empañados y empolvados por un encierro dirigido y condicionado.  
Llega el verano, llega el fin del estado de alarma: no para desbocarnos exteriormente, sino para abrirnos al sol que calienta desde lo alto y penetra en lo interior de cada uno. Y todos tenemos la oportunidad de experimentarlo, de descubrirlo. Es la invitación a entrar allí donde cada uno puede ser verdaderamente libre, sin sentirse condicionado ni encerrado. Ese lugar donde eres tú mismo, sin necesidad de mascarillas ni de distancias. Es tu propia interioridad, con la que de alguna manera te has encontrado, gozado y/o peleado en estos meses.
 En lo exterior seamos prudentes, usemos mascarillas y respetemos las normas de higiene y distanciamiento social. En lo interior liberémonos de todo y recuperemos la frescura de lo que cada uno es.