Desde la muralla

Sara Escudero


La tormenta de arena

19/06/2020

A lo largo de la historia, siempre han existido grandes mentes que han pronunciado frases que quedarán escritas en letras de oro. Estas frases que ocupan nuestros estados en redes sociales, que compartimos en momentos de exaltación y que nos leen el pensamiento en ratos de flaqueza. Personas que han creado corrientes o simplemente han tenido una visión única de la vida. ¡Por qué no estudiaría más filosofía en vez de leer 1002 veces las tiras de Mafalda! Si bien es cierto que de lo segundo no me arrepiento, de lo primero estoy segura que sí.
El legado de los pensadores, artistas polifacéticos, científicos es la suma de muchos esfuerzos y una lucha continua de navegar contra corriente. Aristóteles, Sócrates, Nietzsche, Schopenhauer… y la gran herencia de los científicos como Arquímedes, Leonardo da Vinci, Copérnico, Hawking...
Me pregunto qué sería de nosotros en estos momentos de incertidumbre incierta, que nos están tocando vivir si estas mentes privilegiadas no se hubieran enfrentado a la vida antes. Podrás decir que muchos grandes descubrimientos han sido fruto de la casualidad. Y puede que sea verdad. Pero las oportunidades solo bailan con quien está en la pista, por lo que la casualidad es un amplio marco en el que actitud, compromiso, creatividad, trabajo constante y toma de decisiones, son parte de ese fruto. Que a Newton se le cayera una manzana en la cabeza o que Aristóteles hablara de alma, cuerpo y razón… no es únicamente casuística.
Pero volviendo al tema que nos ocupa, la ansiada nueva normalidad que dará comienzo con la llegada del verano: empezarán los helados, la nueva noche de San Juan sin hogueras ni festejos, las no-piscinas o las sí-piscinas con taquígrafo y reserva de asientos. La nueva normalidad que se produce tras la explosión de los planetas y la emergencia del COVID-19 que no deja de sorprendernos, lamentablemente cada día, con nuevos hallazgos, focos, posibles vías de contagio… y la ansiada vacuna que no llega. La nueva normalidad tras una crisis. 
Sin duda alguna muchos pensadores actuales hablan de este hecho y hasta se preguntan si seremos mejores tras los meses confinados. No sé qué pensaría Platón o el mismísimo Benjamin Franklin y me encantaría saberlo, porque a mí solo se me ocurre decir: «Trata de arrancarlo, Carlos».
Pero es sin duda, el pensamiento de Albert Einstein  físico, creativo, otro espíritu libre con una mente prodigiosa, quien pone el dedo en la llaga y puede que de su definición de crisis saquemos parte del positivismo y su visión de la vida:  «No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.
La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.» 
Y tras esto… ¿Qué más se puede decir? La nueva normalidad es querer superar. No digo olvidar, pero sí superar. No digo ser mejores, sino trabajar para serlo. La nueva normalidad es la tormenta de arena de Haruki Murakami: porque «Cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa si quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella». Ni mejor, ni peor…Otra persona.