Desde mi torre mudéjar

Ricardo Guerra Sancho


Mis vecinas las zancudas

24/06/2020

Llevamos varios días con la incertidumbre de ver si se podrá liberar a una cigüeña nueva que está atrapada en su nido de Santa María. Resulta que la voz de alarma llegó desde muy lejos porque la cámara que ofrece imágenes a tiempo real del proceso de anidamiento y cría de estas zancudas, unas imágenes que surcan los cielos vía satélite y llegan al último confín de la geografía. Fueron gentes de muy lejos quienes alarmaron de esta situación que pone en peligro una de las tres crías del nido número uno de los cinco que están en esta torre.
La preocupación de estos días es ver cómo se la puede liberar de esas ataduras fortuitas a las que este cigoñino está sometido. Estas aves amorosas de pareja y de crianza de sus crías, siempre acicalando sus nidos de palos y otras materias como telas, plásticos y cuerdas, todo las viene bien, pero este amasijo de lías, a veces producen esto, el atado de algunas de sus patas aprisionando la cría. Las otras dos hermanillas ya dieron sus saltitos de entrenamiento y han iniciado sus primeros vuelos de cercanía, dejando la visual más clara. La torre es, quizás, la mas alta de Arévalo y su morfología característica pone difícil el rescate que se va a intentar. Cuando escribo estas líneas están a punto de acceder por un difícil lugar a ese nido que está situado en el ángulo suroeste de esta emblemática torre mudéjar, joya del patrimonio arquitectónico e histórico de esta ciudad.
Las cigüeñas de Arévalo, y las de Madrigal, son un estandarte de esta fauna mesetaria cullas imágenes viajan a los confines del mundo gracias a unas cámaras instaladas en lugar adecuado de las torres mudéjares de estas tierras. La primera cámara la instaló la SEO siendo concejal Víctor Coello, y la actual, digital, que instaló la anterior corporación de Vidal Galicia. Los nidos están numerados y el seguimiento se puede ver en la página de Arévalo. La cámara de Madrigal que está en la majestuosa torre de San Nicolás, y aquellas tienen nombre a cuenta de un padrinazgo televisivo que cada día ofrece imágenes y noticias. Emblemáticas cigüeñas de Castilla que en Arévalo tiene un censo estable y recuperado después de un bache de años que dejó la colonia arevalense de zancudas en un nido, en El Salvador. Hoy esta colonia anida ampliamente en la torre de Santa María, 5 nidos, en San Miguel 1, en Santo domingo 5, en El Salvador 6 o 7, en un depósito de agua, en torreta de ascensor, en San Juan lo intentan, y en San Martín, torre de los Ajedreces, y en la espadaña de San Nicolás, y seguro que me dejo alguno…
Tengo de vecinas a las de la torre de Santa María, las veo, las miro y admiro, las sigo… cuando se afanan reparando y agrandando su nido, sus vuelos majestuosos, o con sus llamativos crotoreos significativos y característicos. Esas cigüeñas cantadas por la tradición popular en unas letrillas con ritmo de fandango castellano:
Hay que ver la cigüeña, cuánto nos vale,
si no fuera por ella, cualquiera sabe…
Cómo repicotea, cómo revolotea, 
cómo nos tiende el ala sobre la arena, 
pica en la arena, pica en los picos de mi morena…

Un verdadero canto a los beneficios de estas zancudas en el campo cerealista de esta Castilla que las acoge con amor, con cuidos y con protección.
Pero… todo tiene un pero, y eso es un tema que me tiene dividido en amores y preocupaciones porque, a ellas las gustan las alturas y esta ciudad está llena de torres, una delicia para construir sus nidos. Torres mudéjares. Y de vez en cuando, cuando cae uno de esos nidos de gran peso, produce grandes daños en los tejados de nuestros monumentos. O cada día esos palos que abajo no son tan pequeños y en el trajín se les caen en los tejados ocasionando daños, y que acumulándose ocasionan retenciones de aguas y humedades… la cara y la cruz, como en todas las cosas de la vida.