Aunque es de noche

Francisco Javier Sancho Fermín


Elogio a la caridad escondida

20/11/2020

En estos últimos días, como rayos de luz que atraviesan la oscuridad, acogíamos las noticias sobre los buenos resultados de algunas vacunas contra la Covid-19. Era como una bocanada de oxígeno en medio de la asfixia de la difícil y dramática situación. Con amigos y conocidos con los que hablaba, era como si ya se perfilase la salida del túnel. Cierto que por delante hay muchos retos, muchas dificultades que afrontar y no bajar nunca la guardia.
Creo que la mayoría no necesitamos buscar información en los medios para darnos cuenta de las múltiples tragedias humanas que acompañan esta historia. Hombres y mujeres con nombres y apellidos, familias enteras condicionadas acá y allá, seres humanos privados tantas veces hasta de lo más elemental para seguir viviendo. Y si solo centrásemos la mirada en la desolación presente y que sigue creciendo, fácilmente caeríamos en el catastrofismo.  
Hoy quisiera, sin dejar de ser realista, orientar la mirada hacia esas luces tintineantes que convierten la noche en una especie de telescopio, capaz de hacernos contemplar la belleza de esas estrellas que se esconden a nuestra mirada durante el día.
Las situaciones difíciles son las que terminan poniendo a prueba la autenticidad y valía de nuestra humanidad. Ese valor que tantas veces se ve reducido a una estadística fría e impersonal en el ámbito de las instituciones políticas, o que busca ser manipulado para crear dependencias o apariencias de caridad cuando solo hay un interés egoísta.
Pienso ahora en el brillo y calor nocturno que tantas instituciones y personas son capaces de ofrecer precisamente en medio de la crisis. Los datos escalofriantes de pobreza están en gran medida suavizados por la ingente actividad de organismos como Cáritas o el Banco de alimentos. Instituciones que sobreviven principalmente gracias a la implicación y generosidad de miles de ciudadanos que no se quedan indiferentes frente a la necesidad de los otros. Por eso resulta contradictorio y sin sentido que no reciban un mayor apoyo político, y más cuando esos partidos se autodefinen como defensores de los más necesitados. 
La caridad, no la simple palabrería o demagogia, no entiende de ideologías. La caridad es uno de los sentimientos humanos más nobles y siempre necesarios, que mira solidariamente y de manera activa a aquel que de una u otra manera está sufriendo. No solo por carencia de bienes o alimentos, sino por otras carencias como el cariño, la compañía, la cercanía.
Me emociona y me llena de esperanza en un mundo mejor, saber de tantísimas personas, en todos los ámbitos y sectores de la vida, que no pasan indiferentes ante la necesidad y el sufrimiento de los otros. Es profundamente consolador saber que tantas personas dedican parte de su tiempo y de sus recursos a ayudar a los otros. Puede tratarse de un familiar, de un amigo que pasa necesidad, o de un vecino, o de un desconocido al que poder prestarle alguna ayuda significativa.
Las estadísticas nos hablan solo de lo más negativo, y olvidan lo bueno y positivo que se está generando en el trasfondo de todo ello. Y son estas energías aparentemente invisibles las que, al fin y al cabo, sostienen y forjan un cambio en la sociedad. Lo concreto de la vida, lo que aparentemente no cuenta, es, sin duda, lo más valioso que tenemos. Y estoy seguro de que tú también, amigo lector, estás colaborando activamente en esta tarea de humanización.