El Corrillo

Pablo Casillas


Dolor. Indignación. Reivindicación.

10/11/2020

Dolor, mucho dolor, es lo que sienten, sentimos, las personas de bien por lo que está sucediendo a raíz de la pandemia. 
Dolor por los miles de muertos –ni siquiera reconocidos oficialmente–;  por las personas que están sufriendo la ausencia de sus familiares  en las residencias o en sus propios domicilios; por todos los que que han perdido y van a perder sus negocios o sus trabajos; por tantos millones de nuestros conciudadanos que se  sienten abandonados y que están comprobando cómo se van a «quedar atrás»…
Pero también sienten, sentimos, indignación, mucha. 
Indignación por la irresponsabilidad y por la incapacidad para gestionar los problemas, y darles solución.
Indignación, enfado, cabreo, por la soberbia, chulería, de un Presidente, y de un Gobierno, que está a «sus cosas», y que no tiene la menor de las empatías con todos los cientos de miles, millones, de  personas que ven cómo no se adoptan medidas suficientes y eficaces, que sirvan para tratar la pandemia; que ven, impotentes, cómo se arruinan sus negocios y se pierden sus puestos de trabajo, que no recuperarán.  
Lo único que se recibe de nuestro Gobierno es impostura, nada más que impostura.
Ningún gesto de humanidad o de solidaridad, de los de verdad, no para la foto.
Todo es indecencia: aumento de sus sueldos –nada deberían cobrar, en realidad, pues que nada hacen en positivo–;  aumento de la contratación de personas  de su «confianza»;  dilapidación de dinero en auto propaganda, etc, etc.
Pero no podemos quedarnos solo en el dolor, en la pena;  en la indignación o el enfado; hemos de dar un paso adelante, firme, claro, que no ofrezca dudas a esos gobernantes, que sepan que no les vamos consentir ni permitir su actual forma de actuar. 
Ha de ser una reivindicación civilizada y respetuosa de la Ley, en cuantos foros sea posible y de forma constante, porque nos va la vida en el empeño. Y no es solo una metáfora. Nos estamos jugando nuestra existencia, física y también moral, como sociedad, que se está viendo fuertemente atacada. Nuestra forma de entender la Vida está siendo seriamente amenazada, y ello no es achacable solamente a la covid-19. 
No podemos  echarnos a la calle en algarada y de forma destructiva, porque entonces perderemos la razón que nos ampara, pero ello no quiere decir que si es necesario no salgamos a cantar las verdades del campanero. Ha de ser conocido que la sociedad no está conforme con lo que sucede. 
En esa reivindicación hemos de implicar a toda la Sociedad, particularmente a los que piensan que a ellos no les afecta, a los que están cómodamente en sus casas con sus puestos de trabajo o negocios aparentemente protegidos. Esas personas son precisamente los que más deberían implicarse, precisamente porque son los que habrán de inclinar definitivamente la balanza en favor de los damnificados o desprotegidos por la situación. No queremos gente de balcón, simples espectadores.
En modo alguno podemos estar silentes, ser pasivos, ante la situación. Mucho menos colaboradores.
Es necesario que exijamos al Gobierno que deje de gastar en cosas superfluas y por ello innecesarias. Hay que desautorizar el Presupuesto que han preparado ya que con ello solo se busca gastar, por gastar.  
Debemos exigir  al Presidente que reduzca el número de Ministerios y de puestos de libre designación. A la par, debemos exigirle que reduzca sus salarios y de los demás cargos públicos, comenzando por Diputados y Senadores, y de ahí hasta el último de los Políticos que cobre del erario público. Es indecente que estén cobrando lo que no merecen.
Debemos exigir al Presidente, a su Gobierno, que dediquen toda su capacidad –aun cuando sea poca en algunos casos–, así como toda su voluntad, en impedir que se destruyan los Sectores Productivos del País, con sus pertinentes puestos de trabajo. Hace falta mucha inteligencia y mucha voluntad y no ver a los empresarios como enemigos. La politiquería comunista hay que dejarla en el cajón, con cuatro llaves.    
Hay que conseguir en este momento todo el dinero que sea necesario para apuntalar la Economía. Hemos de acudir a Europa para que nos concedan ayudas y también préstamos. Eso sí, dirigido ese dinero no al gasto, sino a la protección del sistema económico y a la inversión, justificadas.
Cualquier empresa que se arruina, por pequeña que sea, es una pérdida gravísima, difícilmente recuperable. Levantar un negocio de la nada tarda años, y muchos de ellos se quedan en el camino. Por ello, no podemos permitir, de ninguna de las maneras, que un capital tan importante se destruya, de la noche a la mañana. 
Si Dios quiere, superaremos la pandemia, con vacunas y tratamientos, pero la pérdida que se produzca en los sectores económicos y laborales no será tan fácil de recuperar, ni siquiera en años.
Dolor. Indignación. Reivindicación. Los dos primeros forman parte de nuestro sentimiento íntimo. El tercero afecta a nuestro ser intelectivo y racional. Los tres son compatibles. Animo a prestar mucha atención al aspecto reivindicativo.