Pablo Serrano


No, no era el momento

14/03/2021

Si algo nos ha faltado escuchar esta semana en las declaraciones posteriores al terremoto político son respuestas a las preguntas que se están haciendo los ciudadanos por lo que verdaderamente les preocupa: la crisis sanitaria y económica en la que andamos envueltos desde hace un año a cuenta del coronavirus.
Como decía hace una semana, son muchas las dudas que aún tienen la población, en buena parte por las contradicciones manifiestas, fruto de decisiones políticas enfrentadas. Por cierto, que en estos días se ha profundizado en las discordancias a cuenta de nuevas medidas que se van tomando. Creo que es legítimo adoptar decisiones conforme a la situación cambiante, sin embargo, sólo se percibe que se pueden arbitrar dictámenes restrictivos a pesar de que los números muestren una situación más relajada, como sucede en la provincia de Ávila, donde actualmente se contabiliza una veintena de casos positivos a la semana. Definidos los semáforos, se echa en falta un diagrama con un cuadro de decisiones que ayude a aliviar (o endurecer llegado el caso) las restricciones con mayor agilidad.
Quizás lo que más nos puede animar un año después de aquel estado de alarma es que hay similitudes entre esta pandemia y otras históricas anteriores, y a pesar de que los tiempos han cambiado mucho (afortunadamente), no hay motivos para pensar que no vayamos a acabar con esta, y que en un tiempo récord se ha puesto en marcha mecanismos y soluciones, más o menos provisionales o más o menos duraderas (en eso es en lo que estamos ahora), para apaciguar el devastador efecto pandémico.
Con mil dudas en la cabeza, la inquietud de las personas, parches en la economía… la clase política de este país remueve las entrañas con una voracidad impropia de este tiempo. Dicho esto, podemos sacar todas las conjeturas que queramos, dibujar todas las teorías conspirativas posibles, y hasta alargar las ondas expansivas del epicentro murciano a localidades abulenses como Lanzahíta o Piedralaves, donde existen pactos de gobierno. ¿Alguien se podría haber imaginado estas consecuencias?
Al margen de que podamos sacar cualquier conclusión sobre el origen de esta estrategia, es fácil pensar que quién más deterioro sufrirá en este terremoto será el partido Ciudadanos, con una líder desconcertada y desautorizada, que se ha contradicho a ella misma (hace no tanto hablaba de la gran irresponsabilidad de lanzar una moción de censura en plena ola pandémica), sin un aparente giro brusco de los acontecimientos propiciatorios de la moción, todo ello, independientemente de la lejanía con la que vemos a Murcia desde la meseta castellana. El centro con el que Arrimadas quiso empatizar se desgaja a izquierda y derecha en un momento en el que le interesa moderar el discurso tanto al Partido Popular como al Partido Socialista, conscientes de que la fragmentación más extrema (Vox a la derecha de los populares, y Unidas Podemos a la izquierda de los socialistas) es hoy intocable, al margen de que los primeros viven el momento de gloria que ya vivieron en su día los segundos. En cualquier caso, ambos con consolidados espectros de influencia en este momento (veremos en un futuro si son capaces de dar respuesta a la esencia de su origen: ofertar algo diferente a los partidos tradicionales y fomentar la regeneración).
Así, el centro de Ciudadanos es muy goloso para PP y para PSOE, porque no es ni mucho menos como el diluido UPyD, que su mayor logro fue acaparar poco más de un millón de votos en las elecciones generales de hace diez años. Cabe recordar, que Cs consiguió tres millones y medio de votos en las generales de 2015, y más de cuatro millones hace solo dos años (a pesar del deterioro y la caída en barrena que sufrió sólo unos meses más tarde, dejándose más de dos millones y medio de sufragios en la repetición electoral de noviembre de 2019). Ese nicho le viene bien al Partido Popular para recuperar fuerza frente a la emergencia de Vox, y al Partido Socialista para demostrar que puede llegar a necesitar menos socios radicales, que hoy por hoy le tienen agarrado obligándole a tomar decisiones que se chocan con su sector más moderado.
Lo único que cabe esperar, es que los resultados definitivos de este tormentoso huracán político acaben generando estabilidad, que es lo que necesita la ciudadanía, más en este tiempo de dudas, angustia y crisis. No, no era el momento de este temporal. Pero una vez que ha comenzado, lo deseable es que después, como siempre, llegue la calma.