Aula de papel

Lorenzo Fernández


Flecos (V) El efecto dominó

19/03/2021

Los físicos, lógicamente, sabrán explicar mejor el llamado “efecto mariposa” porque no en vano se trata de un concepto asociado a la teoría del caos. Pero en el lenguaje de andar por casa se podría comparar con el conocido como “efecto dominó”: en un grupo de fichas alzadas en el mismo sentido y dispuestas unas cerca de otras, basta con que alguien mueva con un leve toque la primera de ellas para que todo el conjunto termine derrumbándose.
Ha sido esto lo sucedido con la pretendida moción de censura de Ciudadanos en Murcia, que ha contado con el simpar Partido Socialista –nunca falta en estas salsas- como cooperante necesario. No sólo supuso la ruptura en aquella comunidad del acuerdo de gobierno con el PP, sino que trajo consigo al tiempo una insospechada serie de repercusiones en cadena.
De entrada, precipitó una convocatoria electoral en Madrid; con argumentos más que veniales propició otra moción en nuestra Castilla y León; minó confianzas en pactos de gobierno de diverso ámbito; hizo saltar por los aires la ya complicada unidad del centroderecha y allanó, por tanto, el plan de Sánchez para arrinconar aún más la eventual alternativa. 
Como resonancias de más difícil recomposición, ha liquidado al propio partido y arruinado la credibilidad de la misma Inés Arrimadas. Y lo último, de momento: Pablo Iglesias deja el Gobierno, para lanzarse a la campaña electoral madrileña como alternativa de la izquierda radical a Isabel Ayuso.  Lo dicho: el increíble “efecto mariposa”. O “dominó”.
Por parte de Podemos será una campaña a muerte, que elevará la crispación en la calle y en la vida política. El hasta ahora teórico vicepresidente de lo Social –que, por cierto, no ha aparecido ni una sola vez por las residencias de ancianos- ya ha iniciado la campaña. En un video difundido desde su despacho ministerial ha justificado su salto a la batalla electoral ante la consideración de que “un militante debe estar donde pueda ser más útil”. Y, en especial, ante el “enorme riesgo de un Gobierno de ultraderecha con Ayuso y con Vox”. Ha metido a ambos en el mismo saco y para empezar los ha calificado de “delincuentes y criminales”. 
Supongo, no obstante, que en los debates de mayor audiencia, como en los cara a cara televisivos, bajará un poco el diapasón, pues por experiencias anteriores él bien sabe que poniéndose buenín, apareciendo como moderado, engaña y rentabiliza mejor sus expectativas. Por supuesto, en el día a día postelectoral no será fácil lidiar con él, si es que, claro, consigue escaño y toma posesión del mismo. Con la “trumpista” señora Ayuso reelegida con comodidad, tal vez queden para entonces los cercos a sedes, escraches y hasta adoquines que sus gentes no han osado manejar hasta ahora contra Pedro Sánchez.    
Donde, desde luego, habrán respirado ya tranquilos habrá sido en el Gobierno central / sector sanchista, que se han quitado así de encima el molesto y permanente ruido del incómodo moscardón Pablo Iglesias. Bien lo ha dicho la señora Ayuso: “España me debe una: he conseguido sacarlo de Moncloa”.
Queda, con todo, otro nudo por desatar: quién lo va a sustituir como vicepresidente segundo. Iglesias ha propuesto a la ministro de Trabajo, Yolanda Díaz, que seguiría como titular del departamento. Pero Moncloa no está por la labor y plantea “rebajarla” a la tercera plaza y ascender en tal escalafón a Nadia Calviño. 
Para el todavía líder morado, la ministro gallega está siendo la “mejor titular de Trabajo de la historia de este país”. Por fantasías que no quede, aunque los barómetros del CIS –véase el de octubre último- no la desacreditan: Yolanda figura en el cuarteto de cabeza de los ministros mejor valorados, junto con Nadia Calviño, Salvador Illa y Margarita Robles. E infinitamente mejor que el osado Iglesias.
De momento, éste ha salido trasquilado: tanto Más Madrid (Errejón) como el propio Sánchez le han parado los pies.