Club Diógenes

David Ferrer


Amazonitis

09/03/2021

Que vivimos en el mejor de los mundos posibles lo demuestra el hecho de que en menos de un año tenemos a nuestro alcance (si la sempiterna ineficacia política lo permite) el remedio en forma de pinchazo contra esta última pandemia. Y quien dude de ello, puede acudir a la historia y revisar las grandes catástrofes bélicas, naturales o epidemiológicas que la humanidad ha padecido desde la edad media o, si me apuran, desde la erupción del Vesubio. Así que, como diría Jorge Guillén, a pesar de todo, a pesar de los desvelos y los recientes sufrimientos, el mundo está bien hecho. Otra cosa es que, como decía antes, no faltará en seguida un político de medio pelo, de la izquierda o de la derecha, que tratará por obra u omisión de deshacerlo un poco o mucho. 
Pero como en el largo recorrido vivimos en el mejor de los mundos posibles (podrían preguntárselo, ojalá, a un modesto artesano de la época de Carlomagno o a un pilluelo de los que retratara Dickens), no faltan movimientos absurdos y obtusos que simultáneamente nos hacen pensar que vivimos en el más tonto de los mundos posibles. Hace poco vi a unos jóvenes con alpargatas y boina que reivindicaban una vuelta al mundo rural, o lo que ellos llaman un neo-ruralismo. Supongo que se trata de una apariencia, un postureo, una ilusión, porque no los veo con intenciones de bajarse al río a lavar la ropa o afrontar con resignación los achaques de los hijos por culpa de una simple difteria o de una poliomielitis. Si usted quiere una vuelta al pasado, sea consecuente y deje de lado su iPhone. La tontuna cotidiana y actual se resume en un mantra por el que todo ha de conseguirse para hoy, y nunca para pasado mañana. Supongo que es una pandemia que podríamos calificar como «amazonitis»: pida ya, pague ya, reciba ya. Los mismos que se quejan del declive de una ciudad y su comercio (pongamos que hablamos de Ávila), pasan una hora a la intemperie a la puerta de Correos para recibir su paquete. Los confinamientos no han hecho más que agudizar esta amazonitis, que invade y corroe todos los ámbitos: la política de gestos rápidos y eficacia escasa o reclamar aprendizajes de aprobados rápidos en la enseñanza. El paquete de la tarde nos hace olvidar las penas de la mañana y, si la desazón o la depresión acecha, no hay más que pedir un nuevo envío express 24 horas super-urgente, megaprime, que recibiremos a las cinco de la tarde.
No soy un enemigo de lo digital puesto que contribuye a esa vida más fácil. Creo, sin embargo, en un sano equilibrio, y me aburre la amazonitis pandémica. La primera vez que compré en tal comercio online fue en 1999. Eran unos libros en inglés, imposibles de encontrar de otra manera. Los recibí en unos tres o cuatro días. Recuerdo que se lo comenté a un librero amigo y al hombre se le demudó el rostro porque comprendió que, más tarde o más temprano ese modelo iba a devorar muchos esfuerzos. En efecto, su librería ya ha desaparecido. Creo que hace unos cinco o seis años que no he vuelto a comprar en el gigante americano y mis compras virtuales son esporádicas, las verdaderamente necesarias. El mundo real y el digital deben convivir. Una ciudad pequeña tiene mucho que perder si sólo confiamos en un lado.