CARTA DEL DIRECTOR

Pablo Serrano


2023 está a la vuelta de la esquina

11/10/2020

No sé si habrá país en el mundo en el que la política pese tanto en la gestión de la pandemia. Es inaudito. Si hace una semana nos nublaba el desconcierto, para esta ya no quedan palabras. Hago mía la sentencia de un amigo y colaborador ocasional de esta cabecera, que a su vez le había comentado un juez conocido: frente a la orden y la contraorden, sólo se produce desorden. Esta frase lapidaria resume los vaivenes de la semana. Sigan así, que recogerán, antes o después, el fruto cosechado.
Habrá quien considere que la crisis es más política que sanitaria, y habrá quien estime que será más económica que sanitaria. Lo que está claro es que en este país no se ha sabido encontrar el juego de equilibrios. De todos los países nos llegan gestiones acertadas, y España no exporta ni una. No hay motivos para estar orgullosos de la gestión de la segunda ola.
Pero no quería volver a entretenerme una semana más en la crisis que nos asola, porque nos adentramos en la semana en la que en otras condiciones estaríamos celebrando por todo lo alto las Fiestas de La Santa. Entiéndanse «por todo lo alto», con el programa habitual al que estamos acostumbrados, porque no tengo indicios para pensar que el equipo de Gobierno haya situado en la pirámide de las prioridades la reconversión de estas tardías fiestas de octubre en un gran evento popular en el que la ciudadanía pasara a un primer plano. Sigo creyendo que las fiestas de Ávila son las del primer fin de semana de septiembre, durante el Mercado Medieval, porque, en menor o mayor medida, los vecinos de Ávila participan activamente en el evento, los jóvenes traen a sus amigos a Ávila para disfrutar del ocio nocturno y el ambiente, o incluso se programan bodas en esa fecha exclusiva por el singular escenario del momento.
Nada de eso sucede con las fiestas de La Santa. Que sean de las últimas fiestas patronales de capitales de provincia de España, pasado El Pilar, tampoco ayuda, más allá de extender algún día más el recinto ferial que, dependiendo de la climatología, será más o menos atractivo. Este año, obviamente, ni eso.
Si acaso, algunos exiliados aprovechan la fecha para regresar al terruño dependiendo de cómo caiga el festivo, mientras, y no falla, muchos vecinos escapan a los centros comerciales de Madrid, antes o después de la procesión de Santa Teresa por las calles. 
Lo de las fiestas, a pesar de la excepción del Mercado Medieval –que no se planificó como fiesta como tal y, aún así, después de tantos años, necesita también una vuelta de tuerca para no hacer perder interés entre la población–, sigue siendo una asignatura pendiente de esta ciudad. Cualquier pueblo de la provincia celebra con mucha más pasión y veneración que la capital sus fiestas patronales, independientemente de las singularidades de este año.
Tenemos una oportunidad de hacer algo grande en 2023, próximo Año Jubilar Teresiano. Aunque quizás la proximidad de las elecciones municipales y autonómicas enturbien el proyecto. Estamos a solo tres años, y tras la clausura de la Puerta Santa en octubre de 2018 (y ya han pasado dos años), no se ha vuelto a oír hablar, o al menos no ha calado en la opinión pública, este nuevo jubileo. Cualquier celebración centenaria lleva años de trabajo, y sólo algo tan instaurado como el Xacobeo gallego –que en 2021 tiene su próximo reto– tiene ya suficiente como para aprovecharse de la inercia. Si Ávila confía en ese empujón, mal vamos. 
Independientemente de quiénes ocupen los sillones, esto comienza en lo religioso y supera lo político, hay que marcar cronograma y equipos de trabajo trasversales, y empezar por concienciar a la ciudadanía, y a la empresa local, que tan necesitada está, de la necesidad de que se involucre de forma activa en esta celebración que, aunque lo veamos a medio plazo, está a la vuelta de la esquina.
Santa Teresa sigue siendo una figura universal de primer orden, con millones de personas atraídos por su singular y carismática personalidad, y hay que empezar por hacer calar su importancia entre la población local. Estamos estancados en la pandemia aún, pero esta situación también abre la oportunidad (o más bien la necesidad) para aprovechar todos los recursos que tenemos a nuestro alcance. Y este es un atractivo que no podemos dejar perder. ¿Somos verdaderamente conscientes de lo que supuso esta concesión del Papa Francisco?