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Julio Collado

Sostiene Pereira

Julio Collado


Las comparaciones son odiosas

11/07/2022

Sostiene Pereira que los mitos, esas primigenias narraciones político-religiosas surgidas en un intento de explicar el mundo y sus criaturas, han sido el germen de la metáfora, de la alegoría,  y con ellas la plasmación del relato de todas las artes y de las ciencias. A veces, se piensa que el Mediterráneo se descubrió ayer; que la frase, «Las comparaciones son odiosas» es un dicho sin historia o que la corrupción, la violencia machista, las clases sociales y los concursos de belleza son cosas casi del presente. Nada más alejado de la realidad. Un mito griego, La manzana de oro o La manzana de la discordia, muestra a las claras el peligro de esa costumbre perversa y demasiado humana de estar siempre, desde el nacer hasta el morir, comparando a unos con otros al tiempo que, en su relato, palpitan desgraciadamente varias de las graves lacras que afligen el mundo actual. Entre otras, que no se ha citado más arriba, la imbecilidad de las guerras y su banales causas.
El mito tiene plena actualidad y dice así: 
«Cuando Peleo se enamoró de Tetis pidió consejo a Quirón para encontrar la forma de seducirla. Quirón le recomendó que una vez que la atrapara no la soltase, sin importar en que se transformase. Así lo hizo, y cuando ésta se transformó en calamar, la atrapó por un brazo y no la soltó hasta que regresó a su forma de mujer, momento en el que Peleo pudo tomarla a la fuerza. La boda de Peleo y Tetis se celebró en la cueva de Quirón, en el monte Pelión. Casi toda la nobleza griega y los mismos dioses asistieron. Durante la ceremonia, como regalo del Centauro, Peleo recibió una lanza de fresno hecha por los mismos Hefesto y Atenea. Quirón tañó la lira y las Nereidas bailaron toda la noche.     
Pero aquel feliz momento fue aguado por algo que traería terribles consecuencias. Todos los dioses habían sido invitados, menos Eris, la diosa de la discordia. Furiosa por aquella afrenta, urdió un plan para vengarse. Pidió una manzana de oro del jardín de las Hespérides, en la que escribió: kallisti (Para la más hermosa) y la lanzó en medio de la boda. Al verla, Hera, Atenea y Afrodita, alegando cada una ser la más bella, comenzaron a disputársela provocando una interminable disputa. Hasta que Zeus intervino clamando que la elección la haría un joven mortal. El afortunado –o desgraciado– fue el hijo del rey de Troya, llamado Paris. Zeus lo escogió porque el joven príncipe había vivido siempre alejado del mundo y de las pasiones humanas, y su juicio sería el más imparcial. Las tres vanidosas diosas –más pasionales que los propios humanos– trataron de convencer a Paris ofreciéndole importantes recompensas a cambio de su voto. Hera le ofreció todo el poder que pudiera desear y hasta el título de Emperador de Asia; Atenea le ofreció la sabiduría y la victoria de cualquier guerra futura, y por último, Afrodita le prometió el amor de la mujer más bella del mundo. 
Paris proclamó como vencedora a Afrodita, sin saber que su decisión traería las peores consecuencias para su ciudad, ya que la hermosa mujer que había prometido la diosa era nada más y nada menos que Helena, la esposa de Menelao, rey de Esparta. La promesa de Afrodita se cumplió cuando, luego de visitarla una noche en el palacio y ausente su marido, Paris raptó a la bella Helena y se la llevó de regreso a Troya. Colérico ante semejante ofensa, el rey Menelao nombró a su hermano Agamenón comandante en jefe para llevar a cabo el rescate de Helena que, a la postre, desembocó en la Guerra de Troya que  duró diez años». 
En fin, que este verano rompa la monotonía y traiga un buen descanso a quienes han seguido estos comentarios durante este curso; que se animen a leer otros mitos para intentar comprender las pasiones humanas y sus consecuencias; y sobre todo que, este verano, se olviden de comparar su cuerpo con los otros cuerpos ya paseen por la playa o se sienten a contemplar las maravillosas  puestas de sol desde El Rastro abulense. Siempre se sale perdiendo (y sufriendo) porque, como dice la sabiduría popular a través del Refranero: «Ninguno de su saber se ufane, pues a todo hay quien gane». Hasta pronto.