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Pablo Casillas

El Corrillo

Pablo Casillas


El vino

14/07/2022

Podría decirse que mi hermano y yo llevamos el vino en nuestra genética, si nos atenemos al hecho de que todo ser vivo resulta influenciado y afectado por el entorno que le rodea. 
En la taberna de nuestros padres siempre hubo vino a granel y por lo tanto desde el propio vientre de nuestra madre debimos sentirnos influenciados por los efluvios que desprende tan natural elemento. Mucho más una vez nacidos, porque la percepción era directa. El olor del vino está impreso en nuestra mente.  Es por ello que todo lo que concierne al vino nos es muy familiar y cercano.
Otro tanto ha sucedido en muchas casas populares, desde tiempos inmemoriales. 
Y es que desde la plantación y cuidado de las viñas, con el posterior tratamiento de la uva para la obtención del vino y de los orujos, el mundo del vino es parte natural de nuestra cultura milenaria. Sin las viñas y sin el vino, no se puede comprender y compartir la cultura mediterránea.
Me he permitido, hasta éste momento, trasladarles lo que representa el vino para mí, como introducción necesaria que me permita hacerles llegar, a continuación, alguna de las experiencias que vengo teniendo en los últimos años acerca de tan rico y amplio ámbito, desde mi natural respeto y reconocimiento hacía todos aquellos que están implicados de forma profunda en las actividades que giran en torno a la vid y al vino.
Comprenderán que estoy abierto a todo aquello que tenga que ver con el vino. Disfruto de su degustación, con mesura, por descontado. Hemos tomado empeño en mantener la bodega de nuestros padres. Veo y leo lo que, concerniente al vino, recala a mis manos. Y, sobre todo, procuro tener contacto y compartir tan divino elemento, con todos aquellos que buscan lo que es capaz de transmitir, porque no es únicamente de su degustación de lo que se trata, sino que hay que conocer el cómo y porqué de que de una simple planta, aparentemente no muy agradable a la vista, el ser humano haya sabido convertir su fruto en algo Divino (de hecho, el significado bíblico de vid es productora o proveedora de frutos agradables para Dios), y a la par, sea el núcleo central de actos familiares, sociales y culturales.
En ese devenir fantástico, que espero me acompañe hasta el fin de mis días, y que estoy seguro he sabido transmitir a mis hijos, me encuentro cada día con personas que tienen idéntico sentimiento.
Últimamente, además, algunos de esos encuentros están siendo más gratificantes, si cabe, porque han tenido lugar con personas que han dado un paso hacia adelante para potenciar ese maravilloso mundo que es el vino, y ello en nuestra Provincia, lo que tiene mucho mérito, por sus dificultades. En mi niñez y juventud, cuando salía la conversación del vino y de sus elaboradores, estaban siempre presentes los productores y bodegueros de Cebreros, El Barraco, El Tiemblo, a donde nuestro padre iba a comprar. Esos eran sus lugares de referencia, porque era donde más y mejor vino se producía en aquellos momentos en nuestra provincia. Tan estrecha era la relación con esos bodegueros, que incluso mi abuela paterna era madrina de un hijo de Benito Blázquez. También se hablaba, por descontado, de los pequeños cosecheros de las demás localidades del Alberche; o del Barranco de las Cinco Villas; o de la zona de Madrigal de las Altas Torres, con especial mención a sus blancos.  
Durante no pocos años, por mor de la inmigración, se abandonaron las viñas y con ellas en gran medida el mundo del vino a nivel popular.
Sin embargo, gracias al esfuerzo y tesón de algunos enamorados del vino, ha vuelto a levantar el vuelo y, aunque sea poco a poco, ya no va a parar. Por mi trato personal con ellos,  tengo que citar, con reconocimiento y agradecimiento por su labor, a mis amigos Teo Legido y Rafa Mancebo, éste último gran impulsor de la reciente creada D.O. Cebreros. ¡Qué buenos vinos hacéis, amigos¡ ¡Con cuanta ilusión habláis de su producción y elaboración¡
En cuanto a la D.O. Cebreros, está llamada a ser un importante referente en el mundo del vino, una vez retomada su existencia.
Y es dentro de esta Denominación, donde se ha decidido a apostar de forma firme y contundente Lidio Nieto, paisano nuestro. Deben los lectores mostrar interés en informarse sobre tan importante personaje, aunque él no hará alarde de ello, como buen castellano. Resulta que si bien fue cliente de la taberna de mis padres, acompañando al que fue su suegro, hacía el cual teníamos particular cariño y aprecio en la familia, yo no le tenía localizado. Sí a su hermano y amigo Gustavo, y a través de éste y por otras actividades relacionadas con la cultura, que le son tan propias a Lidio como el mundo del vino, es como hemos podido entablar amistad.
Lidio, ha apostado de forma decidida por la D.O. Cebreros, por sus vinos. Su bodega en la localidad de Cebreros, denominada 'Tierra de Cebreros', –integrada en el Grupo Solterra– ha puesto en valor la Denominación de Origen. Sus vinos, elaborados con garnacha y albillo real, variedades propias de la zona, están al nivel de cualquiera de las mejores mesas.
Todo ello, por el amor a la vid y al vino, porque de eso es de lo que se trata.
No es necesario, ya les digo, que hayan tenido que nacer en una taberna, encima de una bodega donde nunca faltó –ni falta– un buen vino, como requisito imprescindible para llegar a conocer y amar el vino. Cualquiera puede acercarse a ese mundo, pero ha de acudir con los poros del cuerpo y de la mente abiertos. Les animo a que lo intenten.