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Pablo Serrano

CARTA DEL DIRECTOR

Pablo Serrano


La tragedia vuelve a sacar lo mejor de la condición humana

24/07/2022

Terrible semana la vivida en Ávila a cuenta del incendio que se originó a primera hora de la tarde del pasado sábado en las inmediaciones de Cebreros, y que ha tenido en ascuas (sirva la paráfrasis para escenificar la realidad) a toda la comarca de Pinares.

Pero el drama, superados los momentos más críticos de un incendio desbocado e incontrolable, viene ahora, porque hay que volver a recuperar una normalidad que en muchos años no será como hasta ahora. Quizás nunca vuelva a ser igual, porque hacen falta tantos años… que vaya usted a saber.

Afortunadamente, de esos momentos de llamas enloquecidas no se evidencian daños personales irreversibles, que podían haber sucedido. Hubo episodios serios a los que no hay que restar gravedad (y queda testimonio gráfico de unos sanitarios y un bombero forestal llevando al centro de salud a un compañero malherido en las primeras jornadas del fuego), pero, como aliviaban algunos de los mayores de El Hoyo de Pinares, a su regreso al hogar tras pasar tres noches fuera de sus casas con el corazón encogido: "Al menos no hubo desgracias personales". Porque saben que lo importante es la vida, y de lo otro, ya lo repararemos de una u otra manera, con más o menos ayuda.

Si alguien va a dar el do de pecho en la recuperación van a ser los vecinos de Cebreros y de El Hoyo de Pinares, no porque sientan suyas las miles de hectáreas calcinadas por las llamas, sino porque lo son y enarbolan con orgullo sus raíces y el sentimiento de pertenencia.

Hemos sido testigos de ello estos días del duro empeño y actitud profesional y vocacional de los que a diario se enfundan la escafandra ignífuga, pero también el rostro más endeble y humano de los que se enfundan la casaca política, porque cuando se tensiona a cualquier persona hasta situaciones límite, y un incendio como el de Cebreros lo hace sin miramientos, inevitablemente hace emerger la cara más frágil de nuestra propia condición. Los alcaldes de los dos municipios más perjudicados lo han demostrado ante los medios de comunicación o las redes sociales, quizás movidos por la desesperación, impotencia y también voluntad de sacrificio por el municipio al que representan. Es justo recordar también a todos los que se han desvivido estas jornadas por hacer más eficientes los recursos, desde el plano político y desde el técnico, abandonando otros quehaceres diarios como si el mundo se parara. Pero es que, de alguna manera, se detiene cuando acontece una desgracia de esta magnitud. Confiemos que comience ahora una etapa de sosiego, no porque no nos guste el rock&roll, sino porque nadie quiere que suceda nada, ni de lejos, parecido al infierno de esta semana. Y aún estamos a comienzos del verano.

Por extensión se volcará en la recuperación toda una comarca, desvivida estos días a modo de voluntariado, un voluntariado cada vez más organizado. Me sorprende, y así lo digo, cómo se ha profesionalizado el voluntariado en los últimos tiempos, y cómo es capaz de dar una respuesta útil y eficaz en catástrofes de este calado. Todo Tierra de Pinares se afanará por la recuperación, porque en una desgracia que le sucede al vecino todo se ve demasiado cerca, y el corazón de todos los habitantes de esta comarca también ha quedado en brasas. Son a los que les va a tocar vivir el día después de que hayan desfilado los medios de comunicación nacionales y el último efectivo del operativo contra incendios. Cada día, al abrir los ojos, el paisaje les volverá a recordar que un día el frondoso, rico y verde paisaje se convirtió en un reino oscuro por la imprudencia de una colilla mal apagada.

Eso se ha dicho, aunque los partes oficiales que emite cada día la Junta de Castilla y León por duplicado sigue apuntando a que las causas se siguen investigando. Qué simpleza. Todo esto se ha podido producir por la colilla de un cigarro mal apagado sobre un terreno seco inflamable, algo tan obvio que hasta un niño de corta edad es consciente del riesgo. ¿Cómo puede suceder eso a estas alturas? ¿Es cuestión de falta de valores cívicos, mala leche, imprudencia involuntaria o querer vivir al límite jugando con el riesgo? Nada lo justificará, ni siquiera el hecho de que el incendio haya sacado lo mejor que las personas pueden dar.