Pensando

José Ignacio Dávila


Tiempo de prueba

23/07/2020

En la historia de la convivencia llegan los tiempos de prueba, etapas en que se ve venir el problema y conseguir llegar a fin de mes y seguir superando dificultades, y etapas en que la falta de preparación puede retrasar las respuestas a las crisis; nuestra historia tiene las lecciones de siglos y respuestas y soluciones en su momento, para refrescar la memoria personal y familiar: de sus lecciones siempre vivas, aparece el valor que las crónicas pasadas y recientes han reconocido, en nuestra presencia en la patria chica local y en la gran Historia que nos acoge en Nación. Formamos parte de la realidad social en los tiempos que recogen la respuesta social a nuestra dimensión personal y local de la convivencia, en la sociedad que debe ser de todos para todos para seguir en la defensa del modelo de sociedad que hemos decidido tener; personas en los tiempos de la historia de Castilla y León, horas de superación de pruebas por encima de toda dificultad viral cuando llegan problemas para la economía, el trabajo; para la comunicación y desarrollo de la tecnología. 
Tiempos para confirmar nuestra presencia en la vida personal, familiar y social de nuestra comunidad de convivencia; el impulso solidario con el compromiso con nuestra sociedad y reclamar el cumplimiento de las lecciones sobre la solidaridad que cada uno debe poner en marcha, nacional, regional y local, en presupuesto, en suma, de las fuerzas que precisa nuestra comunidad y respuesta social y política a los problemas. Los tiempos recios llegan, de repente, difíciles, para la vida mejor de la familia, del poder llegar a fin de mes en una sociedad de todos para todos, así debe serlo la nuestra sin que nadie sea excluido. 
El camino hacia la paz y justicia social lo hacemos juntos, en presencia soberana y digna, en compañía con la amistad y cercanía del vecino, en familia, para hacer fuerza en esta búsqueda común de la mejor sociedad posible, a lo largo del camino de la vida social bajo la luz del sentido común de que sin esfuerzo, preparación y colaboración, avanzamos poco. A veces hay etapas que superar, difíciles, para confirmar nuestro compromiso por la convivencia en una comunidad que nos pertenece a todos, en propiedad, frente a problemas virales. 
Son tiempos en los que la lucha interna por una sociedad mejor se mide por la responsabilidad personal, capacidad para romper con todas las líneas fronterizas que nos imponga un egoísmo insolidario; tenacidad y no bajar la cabeza ante el peligro interno y externo, cuando llegan las horas del examen por la convivencia y nos pide respuesta a lecciones aprendidas de generación en generación; valor final para saber valorar cuanto hemos conseguido en lo material, personal y familiar; y la nota alcanzada para que no se nos pierda en el silencio del olvido el patrimonio que debemos dejar en herencia, en bienes y no meras palabras.
Tiempos para el valor de la comunidad de personas que debe romper las barreras de la insolidaridad, hacer frente a las crisis y epidemias sociales y no ceder por la falta de previsión ante el peligro, como víctimas sin voz en nación. Son tiempos en que la política debe ser respuesta de un Estado reforzado, sin facciones irreconciliables, por ser tiempos recios, sin desarme interno ni externo, ni económico ni laboral; ni material ni espiritual. 
Son tiempos para los ciudadanos, que sí debemos decidir y podemos demostrar nuestras fuerzas como personas que dejan de ser anónimas; soberanos, capaces y preparados, presentes las luces del sentido común ante las crisis y secuelas, para saber leer nuestra carta de derechos y deberes constitucionales, superar los problemas y seguir adelante. 
Españoles en Comunidad, investidos del poder constituyente de cada día, de la sana ambición política de hacer real una convivencia tranquila en lo material, y en la realidad de cada día en nuestro pueblo y ciudad, en familia y en patria grande y chica, nuestra y al servicio de los intereses comunes. Tiempos en que se precisa la consistencia del Estado: que es de todos y cada uno, en nuestra Nación y Comunidad, sin episodios inconexos en la historia de la protección social y personal, para saber hacer frente a problemas y ningún obstáculo viral nos destroce la riqueza que hemos atesorado. La lógica social no admite una sociedad como víctima de las circunstancias, sin respuestas políticas: La responsabilidad política mide la sana convivencia, la capacidad del respeto de la vida por vivir en su dignidad inicial y final, y en las cosas del comer y vivir; se examina ante la llamada de la campana a la responsabilidad y su respuesta social; se exige para que no se deteriore el camino seguido al amparo del Estado Social y Democrático de Derecho, siempre reforzado y sin visiones irreconciliables alejadas del consenso constituyente de cada día, en Nación y en Comunidad.