Lo imprescindible

Juana Samanes

Crítica de cine


Black Beach

26/09/2020

Desde hace un tiempo los nuevos directores españoles están apostando por películas de género, alejadas del guerracivilismo, donde demuestran su talento. Esteban Crespo ingresa en esa lista después de una brillante carrera como director de cortos, gracias a la cual incluso llegó a estar nominado al Oscar, en 2014, con Aquel no era yo. En Black Beach opta por un thriller donde radiografía los interminables problemas del continente africano debido a intereses económicos y políticos.
En ese escenario, Carlos, un ejecutivo de una multinacional especialista en relaciones personales, recibe el regalo envenenado de mediar en el secuestro de un ingeniero americano en África, que pone en peligro la firma de un importante contrato millonario.
Siguiendo la estela de La intérprete, el excelente thriller de Sidney Pollack, los intereses económicos mueven los hilos de un Primer Mundo, al que poco le importan los países africanos, y quienes los gobiernan, con tal de obtener un balance positivo en sus cuentas.
Como era de prever para quienes conocen el trabajo de Crespo, en donde se mueve muy bien es en el rodaje de las escenas de acción, nada tiene que envidiar a las producciones americanas de esta índole aunque cuenta con un presupuesto menor. En cuanto al guion, contiene momentos de gran fuerza, pero hay tantos personajes y, sobre todo, tantas subtramas que en algunos momentos se traduce en que sea demasiado lioso su desarrollo, no quedando claro quiénes son algunos personajes que desfilan por la pantalla. 
Los que están bien definidos y mejor interpretados son los personajes principales encarnados por dos solventes actores españoles: Raúl Arévalo (Tarde para la ira) y Candela Peña (Princesas). Ambos, y el resto del reparto, se tuvieron que adaptar a las exigencias de un rodaje que transcurrió a lo largo de ocho semanas en Ghana, Las Palmas de Gran Canaria, Bruselas, Toledo y Madrid. Todo para retratar un continente donde la vida humana sigue teniendo poco valor, sobre todo si se trata de ciudadanos negros, y donde la pobreza campa a sus anchas. 
 Muy interesante la crítica a Naciones Unidas, pocas veces reflejada en el cine, con intereses espurios, como cualquier organismo internacional que opera en esos países.