El Corrillo

Pablo Casillas


Ley de eutanasia

03/01/2021

Nos dicen que con ella han traído la «libertad» y que cada individuo podrá decidir cómo y cuándo debe morir en situaciones límite.
Si fuera así, si se tratare de una Ley que protegiere y potenciare la libertad, por qué no está generalizada en el Mundo; por qué no la han sometido a uno de los tantos cacareados referéndum que quieren se celebre para cualquier tema, mucho menos importantes que el que se refiere a la Vida; o, al menos, por qué han hurtado a la Sociedad de un debate sosegado, profundo e informado antes de aprobarla con prisas. Y, en definitiva, porqué no existe cuando menos la alternativa, una Ley de Cuidados Paliativos.      
Nada de eso, ni referéndum ni opinión pública, ni alternativa, no fuere a ser que los Ciudadanos, una vez que se nos dejara pensar y opinar, estuviéramos en contra de una Norma de éstas características, que solamente existe en 6 países del mundo. 
No contamos la inmensa mayoría con formación suficiente en materias que son fundamentales para poder decidir sobre la Muerte, mucho menos si es la ajena, que es lo que resulta de la Ley de Eutanasía, pues que aun cuando en principio pareciera que es el individuo el que libremente fuere a decidir, tal no sucede al haberse Institucionalizado la muerte. 
Ya nos gustaría tener formación sobre biología y medicina, sobre filosofía y ética, etc, etc, en definitiva, sobre ramas del conocimiento humano que nos permitieran llegar a un análisis lo más profundo posible de lo que verdaderamente es el Ser Humano. De forma que no solo es la Muerte la que debe ser sometida a estudio y decisión, sino la propia Vida.
Hay personas, integradas a veces en Instituciones de contrastada reputación, que sí tienen esa formación. Y como individuos que integramos una Sociedad libre necesitamos escuchar su opinión y contar por lo tanto con información en una materia tan relevante.    
Ciertamente, no se acierta a comprender que los Políticos que han sacado adelante la Ley no hayan tenido la misma voluntad que indico, cuando, además, ellos han decidido sobre algo que no solo les concierne a su persona, sino a millones de sus congéneres.    
Personalmente, aunque, como digo, no tengo formación en diversas de las materias que se ven afectadas por la Ley, desde el punto de vista jurídico algo sé acerca de ésta y otras Leyes que se aprueban en nuestro País. Los españoles tan pronto existe una Ley estamos viendo como burlarla, desde las propias Instituciones. Ya saben esos dichos populares que por desgracia son tan reales: «El que hizo la Ley hizo la trampa»,  o «Tú haz la Ley, y a mí déjame el Reglamento». Por ello, la voluntad del ciudadano que viva en España a la hora de optar sobre su suicidio asistido nunca va a ser verdaderamente libre porque la decisión se hará en situación límite y sin posibilidad de retorno, de marcha atrás.
No crean, los que se sienten contentos y satisfechos con ésta Ley, entre ellos y particularmente los Diputados que votaron a su favor en el Congreso, -que manifestaron su alegría con aplausos y alegría propias de unos hooligans que hubieran visto ganar a su equipo una final muy importante-, que los demás individuos que no compartimos la Ley no tenemos duda y preocupación por lo que nos pueda suceder en un momento determinado de la Vida, de forma que incluso un detractor de la Ley pudiere al final de sus días optar por esa dramática vía ya que el cuerpo flaquea y la mente se oscurece, de ahí la más que evidente falta de libertad e independencia plena en cada persona. 
Y es que no se trata solamente de lo que pueda o no hacer una persona y su entorno amparándose en la Ley, pues que es fácil que se pueda ver superado por las circunstancias, sino de someter a  debate y consideración, incluso ya aprobada, SI ES UNA LEY JUSTA,  y más diré, SI ES IMPRESCINDIBLE, sino existen otras Leyes alternativas, más humanas. 
Nosotros, que nos consideramos avanzados, mucho más que las generaciones que nos han precedido, hemos abandonado hace ya mucho tiempo el sentido de la Justicia. La Justicia no es solo la que se imparte por los Tribunales, sino la que radica en los corazones colectivos.
Nuestros antepasados, esos a los que consideramos tan primitivos, hubieran debatido hasta la saciedad antes de sacar adelante una Ley como ésta. Habrían hablado de la Vida y de la Muerte. Del sentido y razón de la existencia del ser humano en ésta tierra. Habrían puesto delante de sus ojos la realidad del individuo humano, de lo fácil que es vivir cuando todo nos va bien y lo difícil que resulta un día de pena. De la necesidad que tenemos unos de otros. 
La Eutanasia Institucional supone una quiebra para los individuos y la sociedad que conformamos, por más que se presente como el adalid de la libertad y el reflejo de unos Gobiernos que se dicen progresistas. Si los Gobiernos, si la Sociedad, los Individuos que la conformamos, fuéramos verdaderamente progresistas nos haríamos eco de todo lo que le pueda suceder a las personas. Siendo joven y por ello con muchos años de vida por delante, o encontrándote en una situación límite, la salida del suicidio asistido es la que resulta más simple. Pero no se trata de buscar la solución fácil y cómoda, sino de profundizar en el conocimiento humano desde el análisis de la Vida como camino inmutable hacía la Muerte. Los filósofos saben mucho de esto,  y también los médicos.
No ha mostrado éste Gobierno, los Diputados y Senadores Nacionales que han aprobado la Ley de Eutanasia, el menor de los intereses en trasladar el debate de la naturaleza humana a la Sociedad, en estudiar y analizar las vías para que el tránsito a la Muerte sea humanamente llevadero. Antes de que, en todo caso, exista una Ley de Eutanasia, tiene que haber una Ley de Cuidados Paliativos. 
La Ley de Eutanasia que se ha aprobado es manifiestamente injusta y prescindible, y prueba de ello es que no existe en la mayor parte de los Países del mundo, muchos de ellos con más tradición democrática que España. Es claro que no dará más que problemas a la Sociedad y a los individuos que la conformamos, de forma especial a los que decidan ser sometidos al suicidio institucional, a sus familias. La única y natural salida, social y política, será la derogación y su sustitución por una Ley de Cuidados Paliativos.