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Darío Juárez Calvo


Feliz 2021, año de inflexión y obligada reflexión

03/01/2021

Una vez finalizada la pseudo temporada veinte veinte y con el sonrojo latente del Covid por ser quien haya tenido que venir a desnudar definitivamente al sector del toro para dejarlo avergonzado frente a un espejo de realidad, además del denunciable y humillante desprecio de las instituciones políticas a los profesionales aprovechando la pandémica coyuntura, las cartas siguen en las manos de cada jugador. Nadie quiere descubrirlas y mucho menos levantarse de la mesa; un impulso por error les puede dejar sin tarta y eso, naturalmente, no les conviene. No les conviene porque se han dedicado a custodiar bajo llave el expolio del sistema durante los últimos quince años. Y que te saquen de tu zona de confort no mola. 
No deseo colonizar el artículo queriendo descubrir América a estas alturas, pero el coronavirus ha sido el mejor velo que le ha podido pasar al establishment taurino para señalarlo al unísono como la mayor desgracia que le ha caído encima al sector, a tenor y con el atrezzo fundido a negro de una pandemia mundial. Pero no es así. El campo bravo ahora se muere en el matadero y la oferta multiplica por uno y medio a la demanda, pero los encastes minoritarios siguen desapareciendo a marchas forzadas; los pliegos de las grandes ferias siguen teniendo tres dedos de polvo; las pretensiones económicas de las figuras siguen siendo galácticas pero, sobre todo, la mesa en la que decían querer sentarse a dar una vuelta de tuerca al sistema, a reinventarse, cuando se descolgó la primera llamada de emergencia, todavía está por estrenar. 
Fallas y Castellón preveen dar toros con programación y aforo reducidos. Sevilla, sin su Semana Santa ni su Feria, está peleando por dar siete tardes de toros en su Abril. En Madrid, lamentablemente habita el silencio. De la primera plaza del mundo, la única de temporada, es de la que aún nadie sabe nada. Cuando por estas fechas ya deberían de estar vistas y reseñadas todas las corridas de principios de temporada. Florito, el mayoral de Las Ventas, decía a Zabala de la Serna en El Mundo que con él no ha hablado nadie todavía. Simón Casas sigue desaparecido, huyendo de la sensación fatal de cómo el crédito de buen empresario de Las Ventas se le ha ido agotando poco a poco. Una suma que además se une al pesimismo que se palpa en el tránsito taurino de las redes sociales del propio aficionado de Madrid. 
2021 será el año definitivo. El año en el que se deban dar la vuelta de una vez todas las cartas encima del tapete. El juego tiene que cambiar. Las guerras internas por intereses individuales deben quedar relegadas a un segundo plano para devolverle vida al espectáculo de todos y trabajar de ese modo en favor del futuro y la defensa de la fiesta de los toros. Nadie debe quedarse atrás y mucho menos sufrir en sus carnes lo que otros han defenestrado por su inmovilismo sistemático para colmar sus bolsillos. No lo merecen, ni ellos ni sus familias. Sobre todo cuando muchos han dedicado toda su vida a vivir por el toro y no del toro. Apretémonos los machos; el tiempo corre y ya no hay más chances. 
Feliz 2021, año de inflexión y obligada reflexión. ¡Suerte y al toro!