Pensando

José Ignacio Dávila


Hechos

03/07/2020

Las palabras sirven para todo en la crónica política, pero lo que cuenta es lo que tenemos cada día como verdad real, los hechos. Cuando la lucha es sólo por el poder político, La actividad política se olvida de la fuerza que nos hemos entregado para la convivencia, para la paz social y para la libertad, como fruto de nuestra capacidad de consenso social. En la vida en paz, en la defensa de nuestra convivencia, no podemos debilitar el derecho de ser dueños de nuestra historia, el derecho a contar con las personas mejor preparadas para encabezar la Jefatura del Estado, no se puede ocultar la obligación moral, ética, social y política para seguir con la defensa de las reglas políticas y legales que son la base de la etapa más enriquecedora de la convivencia, de la forma de Estado que se ha convertido en el mayor patrimonio nacional, de la paz en suma de opciones políticas bajo el cumplimiento de la Constitución que nos pertenece a todos.
Los hechos están por encima de las palabras vacías de sentido común, en tiempos en que los frutos materiales por el camino seguro de la convivencia, de superación de crisis internas, amparados por la presencia de la unidad y permanencia de nuestra nación entre las naciones de nuestra cultura occidental, se han convertido en hechos y en el ejemplo de cuánto hemos conseguido en la realidad de cada día, gracias al respeto de las reglas que organizan el trabajo por la convivencia española, del control y separación de poderes en un Estado Social y Democrático, de Derecho. Son hechos, por encima de toda arenga totalitaria, insolidaria y torcida, o desviada, hacia opciones empeñadas en llevarnos a la cuneta de los tiempos de la oscuridad, sin estudio de las lecciones por la paz, empeñados en la antipolítica de la revancha reciclada. La realidad nos ha demostrado que los equilibrios entre las opciones políticas son mantenidos por el fiel de la balanza política del sentido común por la convivencia, en una sociedad de todos para todos, del encuentro del equilibrio necesario para que ninguna caída en picado inquiete el valor del tesoro del desarrollo social y económico; por el derecho a vivir juntos, en libertad y en el respeto de las crónicas personales, familiares y sociales, obtenido gracias a la convivencia en suma de personas dignas por el hecho de serlo, españoles y en acogida, en familias por hacer con nosotros; hasta de quienes votan o no, más vecinos para siempre, amigos en la riqueza de la suma de pareceres por la convivencia real y posible, en disfrute común y opiniones que sumar, y aprender de los hechos reales.
El orden en la convivencia nos lo hemos otorgado entre todos, en vidas que continúan al amparo del sistema que recoge nuestra Constitución, nacida entre las más modernas de la historia del mundo para la Nación más importante en la Historia de Occidente y en milenios de permanencia, a los que no podemos renunciar como patrimonio de todos los pueblos que nos han dejado por herederos, en el mundo que a todos nos corresponde vivir. Nuestro sistema de convivencia, nuestra forma de Estado, español, es la democracia, en la que la voluntad popular y la fuente de la legitimidad del  Derecho y Soberana somos los ciudadanos, en Nación, Comunidades Autónomas, Provincia y Pueblo. El consenso constituyente para hacer realidad la concordia, es real, en la paz y entre los nuestros, en nosotros, en cada uno de los días que hacemos nuestros, continuando y con las reglas de la convivencia, de la realidad de cada amanecer, sin olvidar que hay que derecho al amparo en leyes para seguir en paz, en días que son nuestros y en la conquista de cada encuentro real con los vecinos, para que la historia no cuente historias del dolor por la falta de condiciones para la libertad; con el compromiso por la justicia social en la vida de nuestra nación.
Nuestra Constitución ya camina por los años de la segunda generación, medida en los tiempos que marca la paz en crónicas de generaciones pasadas, hasta la de mi quinta, con los padres que votaron para construir el edificio constitucional de la convivencia capaz: de acoger, custodiar las reglas de la acción política y hacer valer la fuerza política de toda la Nación: españoles en el privilegio de ser ciudadanos soberanos, por la política real sin enfrentamientos; el derecho y el deber de exigir que la actividad política sea de altura y prestigio reconocido, dedicada a la defensa de nuestro derecho a ser dueños de nuestra historia; contar con la defensa ante todo desarme interno, político y moral, para no ser ciudadanos de una patria puesta en barbecho. Nuestra historia es un tesoro nacional y la Monarquía Parlamentaria ha demostrado ser la forma política de la Jefatura del Estado más acertada para hacer real nuestra forma de Estado Democrático, Social, de Derecho, solución segura en la Historia real y posible en paz, en las Constituciones sociales más avanzadas. El estudio de nuestra democracia es necesario: nada se regala, ni se tiene si no se valora el esfuerzo por ser parte de la historia en las naciones democráticas; la paz necesaria para sumar opciones políticas dentro de una Nación segura; hacer real la guía del camino hacia la justicia social con la paz social y económica; y poner las pilas a la acción política para que sea de verdad y funcione; estudio y maestría segura de la vida, de los hechos reales, para los nuevos ciudadanos y peregrinos en etapas seguras, bajo la luz de la fe y cobijo ético, religioso, constitucional, de todos para todos en un mundo real, dejando los sueños y poniendo manos a la obra, si valoramos valor del precio de la paz en los hechos, sin olvidos en la nueva generación.