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José Ramón García Hernández


Las brechas que nos separan

23/06/2020

Es un concepto que se ha puesto tan de moda que no hay quien se resista a usarlo. Vendría a tener todos los componentes de la posmodernidad y de la pos-verdad juntos. Es un concepto evidente y por lo tanto no admite cuestión en contra. Viene a significar la distancia, casi insalvable que existe entre dos magnitudes, y que cómo es de forma abrupta y realista no permite culpables solo víctimas, que es otro de los elementos fundamentales en todo lo post que se precie. 
Entre todos y en todo lo que nos queramos proponer existe una distancia. En edad, en el sexo, en dinero, en salud. Así el concepto de la brecha es innegable sin que nadie o todos a la vez sepamos muy bien lo que quiere decir. Es un concepto indeterminado y por lo tanto sirve para todas las realidades tanto amorosas, analógicas y sobre todo las digitales, la temida brecha digital. Ya lo saben aquella que separa a los que saben usar y desenvolverse en el mundo de la transformación digital y los que no. Y esto sin hablar de los nativos digitales, que cualquier día pueden tener su estatua para que la derriben los colonos digitales.
La brecha sin embargo siempre nos previene para la acción, como lo recoge el Enrique V de Shakaspeare «una vez más en la brecha, queridos amigos, tapiad esa muralla con los cuerpos de los caídos ingleses…imitad a los tigres», pasando por alto aquellos que cuando oyen la palabra muralla no saben dónde pegar el sello. Esto recuerda al gran Padre Mariano del Dioce que nos proponía la división dicotómica del mundo en una época en que todo lo americano de los buenos y malos nos parecía que no debía de abandonar nunca las películas del séptimo de caballería «la humanidad se divide en dos grupos. Los bomberos y los no bomberos». Puesto así, la mayoría formábamos parte de los no-bomberos, pero expresado de esta forma, los que no rascábamos manguera sentíamos que también teníamos sitio en este planeta, en esta sociedad. La dialéctica y lo dicotómico forma parte de muchos sistemas de comunicación y de ideología actuales y sin que lo quieran, es tal la fuerza de su lógica, que muchos participamos de ellos.
La brecha que me interesa es doble. El mundo, siguiendo al Padre Mariano, se divide entre los que saben o conocen y los que no saben o no conocen.  En un paternalismo explotado por casi todos, hemos creído que los que no saben quieren conocer, y a veces no es verdad. La otra brecha que me interesa y que mezclaré explosivamente con la anterior es la que divide a los hombres entre los que les interesan las cosas y a los que no les interesan. Y ahora les provoco yo. Se producen 4 tipos. La primera es la de aquellos que saben y a los que interesan las cosas.  Muy peligrosos y que espero no se encuentren entre sus amigos. Como son muy pocos y además apenas se les entienden, no hay que preocuparse, ni cuando manden videos por whataspp con teorías de la conspiración o de la presencia del mal en el mundo.
La segunda categoría es de aquellos que no saben y no les interesan las cosas. Perfectamente compatible con todas las categorías y además todos tenemos rasgos de todos los grupos y de este más. No hace falta preocuparse. No hay quien los maneje pese a los que tienden a faltarlos al respeto, porque sinceramente no les interesa ni que los manejen.  La tercera categoría es la que saben cosas y no les interesa casi nada. Viven con cierto aire de nostalgia de que todo lo pasado fue mejor, pero estos siempre están dispuestos a escuchar y en un mundo que no presta atención a casi nadie, son un grupo predilecto. Gente con criterio y con silencio. Sube su valor en el mercado. Y por fin la última de las categorías, la cuarta, los que no saben casi de nada y les interesa casi todo. Aquí la sabiduría popular ya lo ha identificado como el famoso «cuñado» y otros como los propagadores de «fake news», que tanto monta, monta tanto que diría Alejandro Magno. Todos cometemos estos pecadillos pero ahora pueden preguntarse si están de acuerdo, de quién se fían empezando por ustedes mismos, donde espero no tengan brechas.