Desde la muralla

Sara Escudero


El suspiro del alma

04/12/2020

Las fechas marcan siempre un hito importante en la vida de las personas. Días clave, momentos de emoción, la graduación, un nacimiento… ¡Vete tú a saber! Cada persona recuerda las fechas y la mayoría son los momentos que cambiaron tu vida para siempre en lo personal o en lo profesional, en lo divino o en lo humano, de manera positiva o de la forma más trágica.  
Aparte de recordar, tenemos una capacidad superior y estelar de perder la noción del tiempo, lo que es totalmente contradictorio con la primera versión de los hechos y todo nos parece que fue antes de ayer, aunque ya ha llovido mucho desde el mundial del 82, la Expo de Sevilla, Barcelona 92…. Y en la ayuda humanitaria y la intervención en emergencias podemos decir que los acontecimientos históricos son la crisis de los Grandes lagos y el huracán Mitch.
¿Quién no recuerda el ciclón tropical más mortífero del siglo pasado? La época de huracanes del Atlántico deja siempre tras de sí, una huella de sufrimiento, daños directos y grandes dosis de pobreza. América Central vive estos meses del año con uno ojo puesto en el futuro y otro en la climatología. El tiempo puede cambiar de un día para otro, la vida de cientos de miles de personas, en tan solo unas horas.
Recientemente se ha llorado de nuevo el paso del Mitch hace ya 22 años, en los días finales de octubre de 1998. Honduras, Nicaragua, Costa Rica, El Salvador, Belice y Guatemala lloran aún los efectos de un huracán sin precedentes. Empezó siendo una lluvia tropical más y acabó siendo el paño de lágrimas para los casi tres millones de personas afectadas.
Las olas de hasta siete metros presagiaron el drama de los meses siguientes, de los años posteriores y de los resquicios de lo que fue. Los mapas obsoletos, pueblos desaparecidos, puentes que ya ni se recordaban, carreteras intransitables. Sin duda alguna es una fecha que puede quedar grabada para siempre con imágenes que han recorrido el mundo entero como las vividas en el tsunami de Indonesia o el terremoto de Haití.
El Mitch entró al continente por la costa central de Honduras. Pero no pasó de largo como suele ocurrir al perder velocidad con el impacto sobre la tierra, sino que el Mitch sobrevoló lentamente el territorio hondureño provocando las peores inundaciones que se recuerdan. De norte a sur, de este a oeste todas las imágenes eran un mar de lluvias que inundaban el drama a metros de distancia del suelo. El agua tapó ciudades, pueblos, zonas costeras y millones de personas desaparecieron sin más ruido que la lluvia de fondo. Dijeron que el país perdió en una noche el progreso de 50 años.
No solo Honduras se vio afectada por el huracán. Mitch no tuvo bastante con arruinar la vida de miles de hondureños, sino que, tras arrasarlo, visitó también El Salvador y Nicaragua. Las lluvias llevaron consigo otros problemas secundarios, pero igual de mortíferos como las avalanchas de lodo y roca a los pies de los volcanes. Efectos colaterales de unas lluvias intensas e incesantes. La ayuda internacional, el esfuerzo de sus habitantes y el paso del tiempo, han podido hacer frente a aquél sufrimiento, aquella vuelta atrás. 
La historia se repite y de nuevo los huracanes, la pobreza y la pandemia han ahogado a Honduras en las lágrimas de un cielo que no perdona, en las consecuencias climáticas que hacen que de nuevo se valore un retroceso de 20 años, después de tres semanas de incesantes lluvias.
Eta, pasó primero y Lota después. Vuelven a dejar al país centroamericano cubierto de agua, barro y todo lo que a su paso pueden arrasar. Los daños humanos y materiales son incalculables en una inundación. El agua llega y se va, pero sus corrientes y efectos permanecen muchos años hasta la recuperación de personas que antes tenían una vida digna y ahora viven de la dignidad de la nada.
El Mitch se recordará siempre, pero este 2020 pandémico, agotador, sangrante, deja a su paso un 40% de población afectada por las intensas lluvias a las que se suma el drama del éxodo, de los movimientos migratorios, de la búsqueda de un futuro mejor. El 2020 también será recordado, sin duda alguna, por ser un espejo de años pasados, el reflejo de un recuerdo, el cristal nítido que permite ver un atisbo de esperanza, entre las gotas de lluvia, que lentamente se deslizan ante el suspiro del alma.