Teoremas y conjeturas

Jorge Pato


Poco aprecio por la vida

14/12/2020

Hace unos días leía en la prensa el desarrollo por parte de médicos españoles de una placenta artificial. En ese mismo artículo hablaba una madre, que ha participado en el desarrollo de ese proyecto, su hijo nació en la semana 24 y como secuelas «tiene discapacidad intelectual, escoliosis, trastorno del espectro autista, duerme con soporte respiratorio…, pero es un niño súper feliz». La medicina en estos momentos ha llegado a sacar adelante a bebés que han nacido con 23 semanas de gestación y 245 gramos de peso, auténticos milagros que esta placenta artificial hará que sean menos milagros y más progreso de la ciencia.
Al hilo de todo lo anterior me surgió una duda. Es un orgullo que en España seamos punteros en un tema de investigación, pero a la vez con 23 semanas se puede abortar. De ahí me fui a revisar las estadísticas oficiales, pero no están fáciles de encontrar, como ocurre con otros temas poco agradables. Después de mucho indagar con la palabra aborto conseguí dar con el anuario de datos de IVE (Interrupción Voluntaria del Embarazo) concretamente con el correspondiente al año 2018, el último que se ha publicado.
Lo primero que me sorprendió es la nota con la que se inicia esta recopilación de datos. «Deseamos hacer público nuestro agradecimiento por las actuaciones llevadas a cabo por todas las Administraciones Sanitarias que desde los distintos niveles de intervención tienen algún tipo de acción sobre esta práctica sanitaria,..., y a la de todos aquellos que desde los distintos centros acreditados remiten la información epidemiológica precisa...», es decir, el aborto es una epidemia y se agradece esa labor de segar vidas.
Ya analizando los datos que contiene cabe destacar en primer  lugar que en 2018 hubo 96.000 abortos. De los cuales 83.000 fueron en centros privados, a pesar de estar cubierto por la Sanidad Pública, es un negocio que mueve millones, a más abortos más beneficios. Casi 6.000 abortos se ejecutan entre la semana 15 y la 23 (un feto con labios, ojos y párpados, fosas nasales abiertas, pestañas,...) y respecto a las causas el 90% fueron a petición de la embarazada sin más motivos que el deseo de deshacerse de él. Por último, y de lo que nadie quiere que se hable, el método más utilizado para llevar a cabo los abortos (63%) es por dilatación y aspiración, me ahorraré dar detalles. En resumen, de 2009 a 2018 no se ha dejado nacer a 945.000 personas. En vez de destinar 34 millones de euros anuales a abortos, sería más lógico que se usasen para crear una red que dé cobertura a las madres que no desean a sus hijos en vez  de optar por el descarte.
Y  si no es poco con esto ahora también quieren segar vidas con la ley de eutanasia. Tener un buen morir es un derecho y algo que la propia medicina lleva a cabo mediante los cuidados paliativos, ahí es donde hay que invertir, en dar calidad a los últimos momentos de vida, en no realizar ensañamiento terapéutico, no en liquidar y eliminar para liberar camas y dejar de pagar pensiones por la vía rápida. No se  puede permitir un comportamiento nazi que trate de borrar del mapa a los ancianos, discapacitados o grandes dependientes. Qué pensaríamos si alguien propusiera pasaportar a Echenique por considerar que tanto sufrimiento no merece ser soportado.