En corto y por derecho

Chema Sánchez


Tiempos de cambios

14/11/2020

Acabo de terminar el libro ¿Quién mató a John Lennon? Retrato del hombre detrás del misterio, que ha llegado a mis manos porque el 8 de diciembre próximo se cumplirán cuatro décadas de su asesinato, 50 años de la separación de los Beatles y, en este horroroso 2020, el líder de la banda más influyente de la Historia de la Música moderna habría soplado 80 velas. La autora, la británica Lesley-Ann Jones, plantea numerosas hipótesis, incide en todas estas efemérides y además se pregunta cómo sería el autor de All you need is love si siguiera entre nosotros a estas alturas de la película. Probablemente se escandalizaría por las sandeces que sigue haciendo la mujer que le robó el corazón (que además son aplaudidas), y que aún hoy sigue siendo mirada con recelo por muchos fans de los Fab Four. Lennon, que elevó la música junto a los otros tres de Liverpool a un nivel que todavía nadie ha superado, tenía una personalidad muy marcada por una infancia singular, marcada por las ausencias y por un entorno en el que encajaba poco. Todo esto está muy bien contado en ese libro. 
El polifacético artista, un tipo mucho más inseguro de lo que aparentaba, planteaba aquello de que «si no podemos amarnos a nosotros mismos, no podemos abrirnos por completo a nuestra capacidad de amar a los demás ni a nuestro potencial para crear». Lo dije al principio de la pandemia, y lo vuelvo a repetir ahora, ocho meses después: este episodio de reseteo y reinicio vital con el que hemos chocado con la COVID-19 no iba a cambiar a casi nadie. Si me apuran, lo que ha hecho ha sido poner todavía más de manifiesto que aquel al que le faltaba un verano o sólo pensaba en sí mismo, seguiría igual, o peor. Somos una sociedad de egoístas, ególatras y malcriados. Aquí tienen que venir otros a arreglarnos el problema y por supuesto nos han de poner el platito lleno de comida y, si está en nuestra mano, nos quedaremos de brazos cruzados, que para eso pagamos impuestos… El planteamiento, ¿se lo habrán escuchado a alguien, no? ¿No es ciencia ficción, verdad? ¡Así nos va! La frase de Lennon tiene un cariz similar a esa otra que siempre tenemos en la boca los plumillas, alusiva a lo que escribió un autor polaco (aunque la ciudad donde nació hoy es bielorrusa), concretamente el genial Ryszard Kapuscinski, quien afirmaba aquello de que “una mala persona nunca podrá ser buen periodista”. Apliquenlo a su profesión, la que sea.
Hay quien se empeña en hacer las mismas cosas que hacía antes, cuando todo ha cambiado. El mundo no tiene nada que ver con lo que teníamos en febrero. Pero es que, diría más: volviendo al hombre de las gafas circulares, nadie destaca si copia a los demás. Él no lo hizo, claro está. Puede haber millones de imitadores de Michael Jakson, pero sólo ha existido un tipo que bailara, cantara y compusiera como él. 
Son tiempos de contrición, y muchos han aprovechado para formarse, para dar una vuelta a su marca empresarial o personal, pero hay un estrato importante de nuestra sociedad acomodado, que además se queda con los mensajes interesados de quien pretende aborregarnos, en lugar de contar con gente razonada y razonable. No les digo nada si, a estas mimbres, se suma un control exhaustivo de la opinión publicada. La prensa escrita y los medios audiovisuales tienen una función que cumplir, otra cosa es que metan mano a ciertas redes sociales. Eso, mire usted, no estaría nada mal. De hecho, va resultando hasta necesario, porque el sumidero de internet es ese, no hay más. Y habrá que acabar actuando, guste o no. Si no, estaremos todavía más polarizados que ahora, con lo que eso conlleva. Ya me entienden.