Tribuna libre

Gonzalo M. González de Vega y Pomar


Confiar en la sensatez

19/11/2020

Aún estamos a tiempo de colaborar en la gran campaña de recogida del Banco de Alimentos que se desarrolla en toda España para poder atender a esos millones de personas, en nuestra provincia desgraciadamente son también muchas, que a consecuencia de la pandemia del Covid19 tienen grandes dificultades para poder llevar algo de comer a sus domicilios. Una campaña que, debido al Coronavirus, se está llevando a cabo de una manera distinta. No vemos a voluntarios en los dieciséis supermercados, hipermercados y otros establecimientos abulenses que se han sumado a la misma con sus chalecos y carros recogiendo lo que ofrecen los ciudadanos, para evitar el contacto personal. En esta edición, la más importante de las que hasta ahora ha realizado el Banco de Alimentos y como con¡secuencia de la pandemia, se han instalado contenedores para que cada persona pueda depositar lo que desee. Otra novedad es que por medio de unos «tickets regalo» se pueden realizar donativos económicos en la propias cajas de los comercios con la cantidad que se quiera. Euros que irán destinados al propio Banco de Alimentos para adquirir productos de primera necesidad y con ellos atender a esas demasiadas personas y familias que, si no es por la solidaridad de otras, les sería muy difícil alimentarse en casa. Deseamos que en esta campaña se superen con creces las necesidades actuales y las que se presenten en el futuro próximo. por esta crisis sanitaria y económica.
Continuamos no solo en una crisis económica que está afectando a miles de abulenses y españoles, quienes han visto como se ha bloqueado el grifo de los ingresos por el continuo cierre de pequeñas empresas y se les ha obligado a acudir unos a la ayuda de los ERTE y otros a las oficinas de desempleo. 
La crisis sanitaria por el Covid19 permanece en nuestra provincia en la que, hasta ayer,  se ha llevado la vida de mas de quinientas personas, existen 99 brotes activos y son seis mil seiscientos doce los abulenses contagiados, la mayoría de ellos confirmados por PCR. Esta situación, que señalan va disminuyendo, hace que no debamos bajar la guardia y continuemos tomando todas las precauciones posibles.
Una crisis que puede ir a más si no llegan a un acuerdo políticos y trabajadores sanitarios castellanos y leoneses tras el «decretazo» de la Junta sobre prestaciones obligatorias en esta segunda ola de la pandemia, que ha hecho se rompan las negociaciones con la Gerencia Regional de Salud. Lo consideran «el mayor abuso» jamás realizado sobre las condiciones de trabajo de cualquier empleado publico a través de una imposición anunciada con «alevosía y nocturnidad». Los sanitarios solo reclaman que se les deje trabajar con respeto, medios materiales y de seguridad suficientes así como tranquilidad para afrontar con fuerza la atención a los usuarios, en lugar del «fusilamiento continuo» hacia el colectivo. Si no se llega a un acuerdo anuncian movilizaciones.
Movilizaciones igualmente que están comenzando a tener lugar en Ávila y otras localidades españolas protagonizadas por una población no de acuerdo ante la nueva ley de educación, ya conocida como «ley Celaá», que se vota hoy en el Congreso de los Diputados y cuya tramitación se ha realizado sin contar con la comunidad educativa. Una ley que se critica porque vulnera derechos y libertades fundamentales consolidadas y que establece la Constitución española, no respeta la libertad de elección de centro de las familias, ataca la educación concertada, elimina el español (castellano) como lengua vehicular en la enseñanza y pretende reducir a su mínima expresión la educación especial.
Ayer, durante la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, se le preguntó a la ministra Celaá sobre el posible cierre de estos colegios de educación especial negando por activa y por pasiva –esperemos no sea una mentira mas a las que nos tiene acostumbrados el presidente y varios ministros– que ello vaya a ser así afirmando «no van a cerrar estos centros». Deseamos sea así pues es muy difícil por distintas razones que esos chicos que precisan de una educación especial puedan ser atendidos de la misma manera en que ahora lo son. Estos jóvenes con capacidades diferentes no serían igual de felices como lo son en los colegios a los que ahora van donde, además, cuentan profesorado y personal de atención a los alumnos «hechos de otra madera» con una formación específica y especializada, a la vez que dedicación absoluta para ellos. Si a estos chicos se les lleva a colegios ordinarios su situación será diferente pues los profesores no podrán invertir el tiempo y la paciencia que necesitan para asimilar muchas cosas para estar a la altura del resto de alumnos. También seguro que, muy a su pesar, sufrirían el «olvido» de compañeros de aulas cuando no la risa, el acoso y el poder convertirse en «muebles» de las clases.
Para que estas situaciones tengan buena solución es preciso confiar en la sensatez.