Reloj de arena

Begoña Ruiz


El Berrueco, viaje en el tiempo

13/06/2020

Ha habido mucha discusión sobre si el coronavirus nos cambiaría o no. En el interior de las personas hay demasiados laberintos tortuosos como para saberlo tan pronto, pero sí han cambiado nuestras rutinas. Este verano no va a ser aconsejable hacer viajes largos a lugares remotos, por lo tanto tendremos que explorar lo que tenemos más cerca.
El año pasado hice una excursión muy entrañable: La visita a El Berrueco, cerro de unos 1354 metros desde donde se pueden contemplar muchos kilómetros a la redonda. Está situado entre las provincias de Salamanca y Ávila, y es digno de visitarse, porque además de ofrecer una panorámica inigualable, allí hay varios yacimientos arqueológicos.
Esa excursión fue organizada por el grupo “Divulgar el patrimonio” en particular por su administrador José Sánchez Izquierdo. Partimos de El Tejado y enseguida  encontramos el yacimiento  de “La Dehesa”, visto desde el camino parece el cráter de un volcán. A sus pies, corre el arroyo Colmenar, donde los animales se acercaban a beber y los hombres les daban caza, de hecho se han encontrado en los alrededores restos del Paleolítico Superior.
Continuamos andando hasta Peñaflor, en otra época, una ermita milagrera y a la vez, la localidad del reino donde más vino se vendía, ya que allí no se pagaban impuestos. El vino, los milagros, lo sagrado y lo profano se mezclaron dando fama al lugar. Sin embargo, en cuanto perdió los privilegios económicos, perdió la popularidad y de todo aquello quedó un arco del campanario sin campana, unas paredes derruidas, restos de casas, muchas zarzas y el Berrueco contemplando, como un guardián de piedra, todo lo que le rodea.
Llegamos hasta el CICBeM, Centro de interpretación del Berrueco en Medinilla, ubicado en los antiguos lavaderos del pueblo, donde nos recibió el arqueólogo Oscar López y nos explicó de forma cronológica y muy didáctica, mediante paneles y réplicas de objetos, los diferentes yacimientos.
En principio se pensó que ahí estaba La Gran Iberia, ya que se hallaron siete yacimientos en un espacio relativamente pequeño, luego se descubrió que esos siete yacimientos pertenecían a épocas diferentes y a diferentes culturas. Aparte de La Dehesa, ya mencionada, están: La Marisela, El alto del Berroquillo (la montaña más pequeña y puntiagudas de las dos), El Cancho Enamorado (con ese nombre merece una visita con alguien especial, no solo para ver un altar rupestre con escaleritas, sino quizás para algo más romántico), Las Paredejas y Los Tejares, ambos castros vetones. En definitiva hicimos un prodigioso recorrido desde el Paleolítico a la Conquista romana. Cuando regresábamos hacia EL Tejado por el castro de las Paredejas, paramos en la fuente de “Minga Redonda” cuya agua, también milagrosa, curaba males de riñón, y por último comimos unas patatas revolconas con chichas, en el bar de la Casilla para fortalecer el cuerpo.
Fue un viaje mágico. En unas horas recorrimos muchos años, siendo testigos de las historias de otros tiempos con pruebas de su veracidad.
No sé si este verano podremos hacer otra ruta por allí. De todas maneras si les interesa el tema, hay algunos vídeos en el programa “La aventura del Saber” presentados por el arqueólogo José Francisco Fabián, y varios artículos y libros, del mismo autor, muy interesantes.
Todos los lugares misteriosos tienen sus leyendas. Mi madre me ha contado que en el Berrueco vivían muchos lobos, estos hicieron un pacto secreto con los pueblos de alrededor, ellos respetarían su ganado a cambio de que les dejaran vivir, en paz, en aquellos canchales. Los lobos desaparecieron. Suponemos quién no cumplió el trato. Quizás debíamos haber mantenido a los lobos, igual que han hecho los ingleses con los cuervos en La Torre de Londres. Quizás por eso desapareció todo ese esplendor y quedó enterrado en el olvido.
 Con esta columna me despido, deseo que tengan un verano lleno de reencuentros con familiares, amigos y con el patrimonio cultural que también está lleno de vida.