Hablemos de Ávila

Roberto Ponce


Viento de Semana Santa

23/03/2021

No recuerdo la fecha, ni quiero hacerlo. Sé que sucedió tras tener permiso para abandonar por un momento el confinamiento. Por primera vez, después de tanto tiempo, no salía de casa para ir a trabajar o comprar, sino para pasear por la ciudad.
Me puse los auriculares, marchas en el móvil y a caminar. Tenía claro cuál iba a ser el destino. No me crucé con mucha gente, la calle estaba en silencio, justo lo que buscaba. Pronto llegué al entorno de la ermita del Humilladero, subí las escaleras y fui al ventanal. 
Como cuando era niño, apoyé la cabeza en los barrotes. Me fijé en la Santa Cruz y después en el Santísimo Cristo de los Ajusticiados. Su rostro está girado hacia el otro lado, pero yo buscaba su mirada mientras le daba las gracias. Sonaba La Pasión.
Hace poco más de una semana participé en algo único. El Real e Ilustre Patronato de la Santa Vera Cruz decidió que el paso del Crucificado del siglo XVI estuviera presente en la capilla en las últimas jornadas de la Cuaresma y durante toda la Semana Santa. 
Fuimos pocos, y así debe ser por precaución y conservación de la talla, los que formamos parte de ese momento en el que el Cristo deja atrás su hornacina de piedra para estar situado, esta vez, en su paso del Jueves Santo.
Caía la noche, la muralla frente a la puerta oeste y al quitar la cortina del ventanal… pasaron pocos segundos hasta que el primer abulense se asomó y examinó la escena: el Cristo de los Ajusticiados mirando la Santa Cruz en su imponente paso, por primera vez en la historia. Subí al ventanal para hacer una foto y colocar, otra vez, la cabeza en los barrotes. Como entonces, como antaño.
Es algo tan extraordinario como los años que vivimos. Algo tan especial como lo que sentimos los que hemos crecido observando esos ojos entreabiertos del último momento.
Tampoco habrá procesiones en este 2021 pero sí se percibe la Semana Santa a diferencia de la pasada, todo marcado por las circunstancias. El sábado realicé mi recorrido desde el Chico, con las balconeras, a la Catedral para visitar, de nuevo, la muestra de veneración que palía las ganas de ver las imágenes por nuestras calles y plazas.
Plazas como la de la catedral, el punto más alto de la ciudad, donde siempre sientes el viento por la encrucijada que te marcan los caminos que allí se unen. Esa sensación previa a las procesiones, cuando te acercas al templo, nervioso y en silencio. 
A un lado ‘la Muerte y la Vida’, y porque era de día pero me ilusionaba ver a la Magdalena y sus capuchos negros de compañía. El espacio que limitan los pétreos leones vacío, pero cierro los ojos e imagino a la Virgen de la Esperanza acercándose al Cristo de la Ilusión en la noche de Lunes Santo o Jesús de Medinaceli saliendo de la seo, caminando de morado y oro. 
Sonó el reloj de la torre y, por la hora, el sol y el momento, podría empezar ya la procesión del Domingo de Ramos. No podemos estar fuera de madrugada, pero echo de menos las antorchas y al Cristo que soporta una cruz cargada de historia, leyendas, batallas, pecados y rezos. Me consuelo estando en su capilla con una tenue luz.
La luz de la estrella que miras en esos diez días. La paz que necesitas para compensar las angustias, el agobio, y las cifras dolorosas. En muchos casos hemos estado en soledad, como la de los estudiantes que están lejos de casa y regresan en Semana Santa para emprender el viaje tras un domingo resucitado.
El viento en el rostro, ese viento de Semana Santa en Ávila, con azul cielo de frío en la mañana y oscura noche de penitencia alrededor de la muralla. Recorrido cofrade por las sedes y lugares de Hermandades, Cofradías y Patronatos, con estrenos que esperan tener presencia y relevancia en la siguiente semana de pasión, que es la más deseada.
Así me despido de esta columna de opinión, que ha sido más de exposición, relato y expresión de lo que uno siente cuando llega la primavera pero ve contenida la emoción.