Desde el mirador

Emilio García


Falta de respeto a los españoles

18/03/2021

Primero la vacuna: las dosis que no llegan, una planificación irresoluble, las manos atadas porque prima la improvisación, directrices centrales que bloquean cualquier iniciativa. Segundo, casi cien mil muertos (100.000, mejor en número para que se vea) y comprobar que no se gestiona España.
Sometidos al aislamiento permanente, limitados de movilidad, asumiendo restricciones de todo tipo; así nos hemos comportado los españoles durante la pandemia. Y todo ¿para qué? Para comprobar cómo nuestro sacrificio y ejemplaridad no se ve correspondida por nuestros dirigentes, y para escuchar a un presidente y sus respetables ministros hablar de asuntos alejados totalmente de la realidad.
Un año después, seguimos mucho peor. Los españoles vivimos en un país destrozado por la voluntad de un engreído que atiende a espurias directrices internacionales de los que arropan sus iniciativas con el fin de consumir pasmosamente la vida de los ciudadanos y, con ellos, acabar de destruir la grandeza de nuestro país.
España es, lamentablemente, Wichita, aquella ciudad infernal dibujada por Jacques Tourneur en la que la ley brilla por su ausencia. Así, hemos llegado a que la ocupación sea legal, que la propiedad privada esté en el alero, que los ciudadanos no puedan andar tranquilamente por las calles de sus poblaciones porque se da cartas de naturaleza a los criminales, a los gandules que prefieren disfrutar de lo ajeno. Muchos recordamos la ley de vagos y maleantes, pero entendemos que no se ha adaptado suficientemente bien a los tiempos que corren. Porque, ¿cómo se va a perseguir a quienes se hacen con la propiedad de los demás si nuestra clase política sería la primera a la que habría que aplicarle dicha legislación?
Una muestra la tenemos en los tiempos que corren, en los últimos veinticinco años especialmente.
El escenario sociopolítico está lleno de mentiras, engaños, navajazos, traiciones; y de tramposos, trileros, traidores, esquiroles, granujas, desertores, tránsfugas, estafadores, defraudadores, prevaricadores, corruptos, mafiosos y trepadores inmorales que, además, no se privan de fomentar golpes institucionales, maniobras despechadas, pateos, abucheos, insultos indiscriminados, intereses bastardos, lanzamientos de adoquines, una agitación salvaje de las calles, pesebres mediáticos radicales que redactan titulares a su antojo o conseguir el poder por la puerta de atrás, impulsando fraude de votos, mociones de censura antes que elecciones, presentar querellas mil para cercenar la libertad del ciudadano, perseguir y cazar al contrario y recelar de todo el mundo. Es decir, estamos en un escenario enfangado por todo lo que tocan nuestros representantes.
También, España está en vilo por tanta independencia, nacionalismo, separatismo, radicalización, propaganda, agitación mediática, comunismo trasnochado, antisistemas sin norte, golpistas de medio pelo, sectarismo político en todos los frentes. Ya se sabe, cuando las urnas me niegan lo que quiero busco amigos en el infierno para solucionar mis problemas y que se note lo menos posible.
Hay demasiados ególatras sin escrúpulos, mediocres podridos y personajillos que miran por las manos que le dan de comer, situación que demuestra que faltan líderes honestos que solo piensen en trabajar por y para los ciudadanos.
El todo vale es lo que sume en un hartazgo al ciudadano. Hace falta y es necesaria la regeneración de España, porque no se puede utilizar la parálisis de un país para cometer todo tipo de tropelías normativas que limitan la libertad y manipulan la realidad a su antojo.
Moncloa, que es un centro de operaciones que utilizan ideólogos propagandistas para destruir la democracia en España, en lugar de buscar soluciones para los problemas que padecen sus ciudadanos, se dedica todos los días a generar mucho ruido con el que pretenden ocultar lo que están haciendo a marchas forzadas en el Congreso: coaccionar nuestra libertad, atar más las manos al Consejo General del Poder Judicial, dar protección a los ocupas que arruinan a los españoles, o proteger al piquete de huelga que impida a los que quieran trabajar acceder a su puesto, piquetes de liberados, por cierto, alentados por unos sindicatos que han cerrado la boca con la última subvención con la que les ha regado el Gobierno y no dicen nada del aumento del paro (camino de los 6 millones).
Recordando a Lincoln: “se puede engañar a parte del pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”. Los españoles, que estamos anestesiados por el Gobierno y los medios subvencionados, debemos superar esta situación vital para movilizarnos y sacar a nuestro país de este letargo que nos hunde vitalmente.
Lo que está pasando en España es la muestra de la falta de respeto que nuestros dirigentes tienen hacia nosotros. Pero… les importamos muy poco, porque ellos pueden cobrar a fin de mes.