Tribuna libre

Gonzalo M. González de Vega y Pomar


En tiempos recios, amigos fuertes de Dios

15/10/2020

A pesar que son varios los meses que, por culpa del Coronavirus, llevamos en prácticamente todo el mundo una vida muy distinta a la que, bien o mal, estábamos acostumbrados y desgraciadamente durará aún más tiempo del deseado pues el maldito bichito no quiere abandonarnos, hoy 15 de octubre va a ser una jornada diferente e insólita para todos los ciudadanos de Ávila y cuantos tienen la buena costumbre de acercarse aquí a disfrutar de la festividad de Santa Teresa de Jesús, acompañar su imagen y la de la Virgen de la Caridad -a la que se encomendó Teresa de Ávila con 12 años cuando murió su madre- en el recorrido procesional desde la Catedral a la casa natal-convento de los Carmelitas, llenar las calles para presenciar su paso además de implicarse en el resto de festejos que tendrían que haberse celebrado en este día de Santa Teresa, fundadora de la orden de los Carmelitas Descalzos, Doctora de la Iglesia desde hace cincuenta años, copatrona de España junto al Apóstol Santiago, patrona de la Ciudad amurallada y también del Cuerpo de Intendencia.
Pero, por razones y medidas sanitarias, las fechas en torno al quince de octubre las vivimos raramente los abulenses como igual ocurrió a los habitantes del resto de poblaciones españolas, quienes por esas mismas precauciones se vieron obligados a prescindir entre otras actividades de sus fiestas locales. Lo hemos hecho con pena y resignación pero con el deseo que las del próximo año sí podamos celebrarlas y sean más especiales.
Estamos viviendo tiempos muy difíciles a causa de la pandemia del Covid19, que continua extendiéndose por el planeta y ya ha infectado a cerca de treinta y ocho millones de personas y provocado la muerte de mas de un millón, varias decenas de miles en España y cerca de medio millar en la provincia de Ávila. Nuestro recuerdo desde esta azotea para todos ellos, ánimo y fuerza a cuantos han perdido un ser querido, deseos se recuperen pronto y bien cuantos aún están sufriendo la enfermedad y responsabilidad de cada uno -también de los jóvenes, protagonistas de condenables actuaciones como si con ellos no fuera el Covid19- para ahuyentar contagios innecesarios y lograr frenar la pandemia. 
Enfermedad que también está hiriendo gravemente las relaciones sociales - no todo es igual que a primeros del mes de marzo- y económicas. Comprobamos sin poder hacer mucho para evitarlo como cada día van cerrando pequeñas y medianas empresas y las más grandes prescinden de trabajadores porque su producción ha disminuido considerablemente. En nuestra capital varias empresas de hostelería  para sobrevivir  -como pudimos leer el martes en Diario de Ávila- han tenido que cambiar el modo de trabajar en sus negocios a ver si así pueden mantenerlos abiertos. La capacidad de mesas en sus restaurantes ha tenido que disminuirse y por ello el número de personas que tienen la posibilidad de comer en ellos es menor han optado por agarrarse más fuerte a las redes sociales y ofrecer “cartas a domicilio” para que los clientes puedan comer en sus casas lo mismo que degustarían en el restaurante. Poco a poco va funcionando.
Otros comercios no pueden reinventarse pues necesitan la presencia de clientes en ellos y día a día van notando que los ingresos en caja disminuyen considerablemente mientras que los gastos son los mismos por lo que algunos están condenados a poner el candado.
Culpa de esta situación la achacan en parte al “teletrabajo”. Las muchas personas que llevan a cabo su jornada laboral en casa salen poco y por ello no necesitan comprar ropa, tampoco, por ejemplo, ir al peluquero con la frecuencia que, cuando acudían a sus empresas, sí hacían. No precisan “alimentar” sus vehículos porque casi les mueven. Tampoco realizar otros gastos que en circunstancias normales, antes de la pandemia, eran habituales y casi obligados.
Unos meses muy duros en los que nos decepciona casi todo menos Rafa Nadal, quien sigue trayéndonos alegrías. La última su victoria en Roland Garros el pasado domingo ante Djokovik. El espíritu de trabajo, de esfuerzo y de pelear hasta el ultimo segundo, sin dar nada por perdido y querer superarse a sí mismo son un ejemplo del tenista menorquín, que pudiéramos seguir todos para vencer esta situación.
No cabe duda nos encontramos en tiempos duros, de imprevisibles dificultades y crisis producidos por el Coronavirus. Época muy difícil parecida, aunque diferente, a la que padeció Santa Teresa en su época. Por ello vendría bien, seamos cristianos o no, hacer caso a lo que escribía en su autobiografía nuestra Patrona en el Libro de la Vida: “en tiempos recios, amigos fuertes de Dios”.