Aunque es de noche

Francisco Javier Sancho Fermín


La otra realidad

25/09/2020

La entrada del otoño marca un nuevo ritmo de vida en nuestro calendario. Volvemos a la vida ordinaria: trabajo, escuela, actividades extraescolares, gimnasio, estudio…  Vemos como poco a poco los días se van acortando y la noche va ocupando un mayor espacio. Y junto con la noche el frío va llenando con su presencia las horas. Por suerte, el sol no deja de salir todos los días, permitiéndonos sentirle en la luz y descubrirle en esos inmensos mantos azulados de la mañana. Parece que la naturaleza nos habla de la realidad que nos acompaña, que parece enfriarse y oscurecerse cada día un poco más. 
Es cierto que este otoño, lo vivimos ahora de una manera especial, condicionados por el temor y la incertidumbre. No nos queda más remedio que aceptar que esta etapa de nuestra historia está marcada por la situación de la pandemia. Pero no debemos olvidar que el sol sale todos los días, y que, aunque el invierno se aproxima, después llega la primavera.
Pero no es de eso que quisiera hablar. Tampoco de los avatares políticos y económicos que están ensombreciendo aún más el momento presente. Y no porque todo ello no sea importante, sino porque sobre ello ya se escribe, se habla, se opina por todas partes. Es cierto que la tentación es grande y uno no puede quedarse indiferente, pues tras las decisiones que se toman o las soluciones que se adoptan hay personas humanas, con nombres y apellidos, que son víctimas no sólo del virus, sino de las malas gestiones. 
Tras una larga reflexión he decidido iniciar esta nueva serie de columnas de opinión con una perspectiva diferente, con el ánimo de ayudarnos a no perdernos solo en lo exterior. En nosotros, en el transcurso de la vida y de la historia, hay otra realidad que no puede ser olvidada y que, seguramente, es mucho más decisiva e importante para nuestro vivir cotidiano y nuestro posicionarnos en la realidad de los acontecimientos externos. Es nuestro propio ser, nuestro interior, nuestra capacidad de valorar e interpretar, de acoger y dejarnos o no condicionar, de dar sentido y valor a lo que somos y vivimos. Una realidad que puede ser fácilmente oscurecida, enturbiada o manipulada por la realidad exterior si no le prestamos atención. Es ese “plus” que cada uno de nosotros puede cultivar dentro de sí y en su ámbito más estrecho, y que nos lleva a no dejarnos zarandear por los vientos del presente, ni nos deja caer en la trampa de la ideologización y de la mentira.
Y he querido titular este espacio con un verso tomado de nuestro gran poeta Juan de la Cruz, extraído de su poema de «la fonte»: aunque es de noche. Una poesía que nació en el corazón de la oscuridad de la cárcel, de la persecución, de la soledad y del abandono. Versos que hablan de certidumbre y esperanza. Palabras entrelazadas que nos hacen ver esa otra realidad –la más auténtica-, que siempre amenaza con ser aniquilada o escondida tras los duros acontecimientos de la vida. Y es que, aún en la profundidad de la noche, las estrellas no dejan de brillar.
Quisiera que esta columna, y las que irán surgiendo cada quince días, fueran un apoyo para aprender a vivir positivamente, para aprender a descubrir lo valioso, para fortalecernos frente a los miedos y para convivir con la incertidumbre de un presente tan complicado. Esta crisis puede ser la ocasión para salir fortalecidos como personas y como sociedad. Esta «segunda ola», mientras esperamos la solución científica de una vacuna eficaz, nos ofrece una nueva oportunidad para hacernos más fuertes, más positivos, más auténticos. En definitiva, más humanos.