scorecardresearch
Francisco Javier Sancho Fermín

Aunque es de noche

Francisco Javier Sancho Fermín


Disfrutar de la vida

08/07/2022

Ya estamos en pleno período estivo y vacacional. Tras el largo intervalo de restricciones e inseguridad provocado por la pandemia de la COVID-19, pareciera que estamos recuperando ya una cierta normalidad. Las ganas de salir, de disfrutar de los viajes, de reencontrarse con familiares y amigos, de tener un tiempo de descanso y relax, etc., se perciben por todas partes. Los aeropuertos parecen estar a tope, y las estaciones y carreteras se ven tan animadas como en los meses previos a la pandemia. Y aunque todavía nos toca ser prudentes, ante el incremento de contagios, las ganas de vivir y de disfrutar de la vida van haciéndonos salir de los miedos y letargos de los meses pasados.
La pandemia nos ha enseñado a valorar muchas cosas que antes pasaban desapercibidas, o a las que no les concedíamos el valor que tenían. Se constata de manera evidente en los reencuentros, en la vuelta a la organización de eventos, en el modo de disfrutar de la gente en cualquier actividad que signifique la oportunidad de gozar de compañía, de hacer fiesta.
Y en las conversaciones se subraya esa perspectiva, como si de un nuevo descubrimiento se tratase: ¡qué alegría volver a encontrarnos!, ¡qué gozo poder celebrar juntos!… Expresiones que denotan lo importante que es para la vida las relaciones familiares y sociales.
La pandemia parecía habernos privado de algo tan esencial y fundamental para la vida. Y ahora todo vuelve a gustarse con más fuerza y con más ganas: es el arte de vivir, el arte de compartir, el arte de valorar la presencia de los otros en nuestras vidas. Un valor que hemos de cuidar y potenciar, porque nos coloca en el presente, en la realidad concreta, y nos aleja del encerrarnos en nosotros mismos o en las tormentas caudalosas de noticias negativas que afectan a nuestra manera de vivir. Parece que la negatividad que afectó nuestras mentes, más allá del virus, poco a poco se va sanando, se va desvaneciendo.
El ser humano tiene en sus manos el poder de dar sentido a cada instante de su vida, aun cuando tantas veces podamos estar condicionados o limitados por los acontecimientos o las situaciones difíciles que se presentan en la vida. Si solo vemos lo negativo, si nos encerramos en nuestro dolor o problemas, nos resultará muy difícil abrirnos a otras posibilidades. Pero si decidimos centrar la mirada en lo hermoso y positivo de la vida, más fácilmente encontramos las fuerzas para estimularnos y dejarnos sorprender por la alegría. 
¡Gocemos la vida! Que para eso la hemos recibido. Pero sin olvidar que el verdadero gozo, del que emerge la alegría de la que nos hemos visto privados, está en el compartir. Un valor esencial a nuestra condición humana relacional, que a veces corre el riesgo de identificarse tan solo que la actitud egoísta de pretender satisfacer sólo nuestras expectativas y caprichos. Compartir el tiempo, compartir lo vivido, compartir los sentimientos, desahogarnos y consolarnos mutuamente, apoyándonos y dándonos ánimos; o simplemente saborear el poder estar juntos.
Es importante que en estos momentos sepamos escuchar también nuestro propio corazón, porque ahí encontramos tantas veces las respuestas a cómo seguir viviendo. Y esta época de verano y vacaciones nos ofrece esa oportunidad de no malgastar nuestro tiempo, ni de dejarlo escapar sin llenarlo de valor y sentido. Todos hemos hecho experiencia de que lo que verdaderamente hace que un viaje sea inolvidable, que una cena o comida sean especiales, o que tomarse unas cañas y tapas sepan mejor, es la compañía, el poder compartirlo y gozarlo con otros. No son las cosas en sí las que nos llenan y satisfacen, sino el compartirlas.
La vida se colorea y endulza cuando sabemos para qué vivimos, cuando apreciamos cada instante que se nos regala, cuando compartimos lo que somos y tenemos. Ahí se radica una de las grandes características del ser humano: capaz de crear y potenciar relaciones, contribuyendo de esta manera a saborear la felicidad propia y ajena. Ser felices y contribuir en la felicidad de los otros es, posiblemente, lo más grande y hermoso de la vida. Y la mejor manera de disfrutarla.