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Gerardo L. Martín González

El cimorro

Gerardo L. Martín González


Los simpa

13/07/2022

Cuando oí por primera vez esta palabra, creí que se trataba de alguna tribu de África, como los Tutsi, los Masái o los Zulús. Pero no. También podía ser alguna abreviatura de algo, SIMPA o Sindicato Independiente de Mujeres Progresistas de Andalucía. Pero tampoco. Hasta que me dijeron que era una abreviatura para llamar a los que se van «sin pa-gar». 
Dicho así, en plan simpático, puede atribuirse al que es un gorrón, un caradura, un vividor o un parásito. Se hincha de comer en un restaurante, sin cortarse un pelo eligiendo en la carta, y cuando acaba, se va sin decir ni adiós; o en un bar, que es lo mas corriente, si hay mucho jaleo, o en un comercio, en cualquier sitio, pero que consumado el acto se larga sin pagar. Si los dueños le detienen y llaman a la policía, no pasa nada, la cuantía de lo sustraído es insignificante para constituir delito. Y así puede repetir una y otra vez en otros sitios, porque no pasará nada. Hace tiempo, en la literatura y en el cine cuando alguien decía que no podía pagar, le hacían fregar los platos, cosa que ahora no se hace, ni se les ocurra a los dueños, porque a lo mejor les sale más caro, ya que las leyes van por otro camino. 
Este problema, ya hace muchos años, lo vi solucionado en Roma, cuando si querías tomarte un capuchino con unas tortitas, o querías helado, uno de esos helados que solo se toman en Italia, lo primero era pagar, para lo que existía un rinconcito en el local, próximo a la entrada, donde hacías el pedido de lo que pensabas tomar, pagabas, y te daban un tique que después entregabas al camarero que te servía; y todo solucionado. Además de lo cómodo que era para los camareros que no tenían que andar sirviendo y cobrando a la vez; tal vez inconveniente para el dueño, pues es un puesto mas de trabajo. Esta picaresca es propia de las novelas del género que en este país proliferó en el siglo de oro de las letras españolas. Puede ser que hasta en Ávila haya simpas, porque para esta profesión no hacen falta muchos estudios, sino frialdad y cara, como la de algunos políticos, sin distinción de sexo, creencias, color o edad.
El no pagar no es nada raro, bien porque no se puede, bien porque de ello se ha hecho una forma de vida. En el primer grupo están los honrados, cuya economía raya la necesidad extrema, pues si no, no lo harían. En el segundo grupo están los caraduras, los que han hecho del no pagar, de la estafa, de las deudas incobrables, una forma de pasar la vida. Metamos en el primer caso a los que no pueden pagar el alquiler del piso, y solicitan ayudas, porque su deseo es pagar y tener la conciencia tranquila; como la hipoteca que grava la compra del pisito, que en un momento en que vienen las cosas mal dadas, no pueden ir a pagar al banco. ¡ah! Pero aquí viene la dura e inflexible ley, si no se paga viene el desahucio, la ejecución hipotecaria y el duro lanzamiento, mas duro cuantos mas años tienen los propietarios. Es la ley. Y se hace con agentes judiciales, y fuerzas de seguridad para dar cumplimiento a una resolución judicial. 
Pero hay otro grupo de los que no pagan, que son los okupas, de los que los informativos nos cuentan continuamente casos sangrantes. Un individuo, o varios, o una familia, echan el ojo en una vivienda que temporalmente está vacía, por diversas causas, porque es segunda vivienda, o están de vacaciones, incluso porque han salido un momento, y entran en ella de la que se hacen ¿propietarios? porque sí, solo con cambiar la cerradura. El auténtico propietario ya no tiene vivienda, pero si puede seguir pagando la hipoteca, la luz, el gas, el agua, porque de eso sí sigue siendo el titular. No lo entiendo. Si hay verdadera necesidad de vivienda, debe ser el Estado el que solucione el tema, no a consta de la propiedad particular. Si lo que se trata es de verdaderos delincuentes, que toman posesión de lo que no es suyo, y además lo destrozan, mucha mas razón para que actúe la autoridad rápidamente, con una expulsión inmediata. Aquí hay alguna ley que esta mal, y hay que corregirla. ¿Por qué no se hace? ¿estamos haciendo un mundo al revés?  Esta gente no es simpática, ni siquiera simpa, porque no hay picaresca, sino delincuencia pura y dura.