Sostiene Pereira

Julio Collado


Decíamos ayer

05/10/2020

Sostiene Pereira que pensaba comenzar la nueva temporada en este periódico (y ya van once, ¡cómo huye el tiempo!), habiendo olvidado al virus maldito. Pero, pasó el verano, tan extraño, y aquí sigue este visitante, entrometido y cruel, llenando de silencio las asustadas conversaciones, invadiendo con alevosía las Residencias de Mayores, sembrando con  geles, mascarillas y distancias los colegios, cambiando los saludos, cerrando comercios, diezmando empresas , aumentando el paro, espantando la cultura colectiva y dejando huérfana de turistas el Centro de la ciudad patrimonial y a los barrios más abandonados aún. Sólo ponen una nota de optimismo económico las ágiles grúas que levantan la nave de Nissan. Poca cosa ante tanta tristeza como se pasea por las calles y que entra en las casas y muerde a los más pequeños en su soledad de amigos. 
¿Cuánto tiempo lleva este virus haciendo tal escabechina? Fray Luis de León pasó cinco años en la cárcel, acusado por la Inquisición de traducir al castellano algunos libros de la Biblia. Cuando salió, pudo decir ante unos alumnos expectantes, «Decíamos ayer»; o sea, «olvidemos el pasado cercano y comencemos como si no hubiera existido; es hora de volver a la alegría de las clases». Recordó esta anécdota, atribuida al poeta muerto en Madrigal de las Altas Torres, al calcular el tiempo del virus. Le  gustaría poder escribir «decíamos ayer» y pasar página, pero esta cárcel de barrotes invisibles, no es agua pasada. Como las olas de un mar negro, que se suceden una a otra sin saber cual de ellas es más violenta, el virus ha lanzado a las playas del mundo una «segunda ola» que está sembrando de nuevo, la incertidumbre y el miedo. 
Como sabe que su memoria es frágil y mentirosa, creyó interesante el volver sobre lo que escribió durante la «primera ola» y recordar cómo encaró la gente aquel tiempo, tan reciente, tan lejano y tan extraño. Quería saber qué se esperaba, qué se temía y cómo se le hacía frente. Quizás, el rememorar la experiencia vivida, sirva para aprender de ella la  serenidad, la templanza y la paciencia (tan alabada por  santa Teresa), que mitiguen el desasosiego individual y para exigir a los que gobiernan más sentido común y menos peleas bizantinas. Cargar la solución sólo en la responsabilidad individual es indecente. Las mejoras en las condiciones de los hospitales, de las escuelas, de los transportes, de las viviendas, de los trabajos, de las redes sociales, de los Medios de Comunicación y, en general, de los demás servicios públicos son imprescindibles para combatir la epidemia hasta que llegue una vacuna salvadora. Y como vendrán otras epidemias, es imprescindible aprender a vivir con la humildad de saberse frágiles y mortales. 
Algunos renglones que describían el comienzo de la pandemia pueden servir para repensar  la situación actual.
*Ávila a 13 de marzo de 2020... Las calles vacías, las persianas de los comercios a media asta. Ávila, a esta hora, es una ciudad fantasma...Las urracas, sin embargo, cantan y hacen su nido con prisa porque la primavera se ha adelantado... Se oye el silencio y duele. Las campanas cercanas siguen su rutina y dan la campanada de la media hora...Los poquísimos transeúntes se cruzan sin pararse o se saludan y hablan a distancia. Ha vuelto el metro de distancia, ese patrón de medida que se había olvidado en las relaciones sociales, prestas al beso y al abrazo si no a la invasión verbal cara a cara…
*Pereira anda estos días aturdido de tanto silencio y con miedo. Los 700 centímetros del pasillo que recorre una y otra vez son testigos fieles de sus deseos para que esta pesadilla pase cuanto antes. Es raro este vivir sin vivir.. Menos mal que las gentes están dando el mejor ejemplo: unos, en sus casas aguantando el encierro y otros, dando el callo para que no falte lo más necesario o luchando cuerpo a cuerpo con el «bicho». A ver si los aplausos de estos días no se olvidan y se aprende quiénes son los más necesarios en la vida diaria. Que hay mucho despistado poniendo medallas sin ton ni son...
*Estos días, han traído preguntas que se habían diluido entre las prisas. ¿Cómo serán las Residencias de ancianos? ¿Y las escuelas? ¿Y la Salud Pública? ¿El teletrabajo llegará para quedarse y se organizará mejor el trabajo para conciliar? ¿Seguirán como modelos sociales los ricos, los futbolistas y los youtubers? ¿Prestigiará  la sociedad a investigadores, maestras, filósofos, campesinos, pescadores, escritoras, cajeras de supermercado, cuidadoras, fontaneros, personal sanitario y no sanitario, policía, ambulancieros, camioneros, barrenderos y todos los curritos y curritas que están sacando las castañas del fuego en esta pandemia? ¿Hablarán menos los políticos de ellos mismos? ¿Se repartirá el trabajo y se valorará más el ocio? ¿Se producirá con más cabeza y se consumirá menos? ¿Se potenciarán los Servicios Públicos o se agigantará el individualismo mercantil? ¿Habrá menos pobres y más viviendas sociales? ¿Se acortarán o se agrandarán las desigualdades? ¿Habrá más Europa o más nacionalismos?  ¿Cómo serán los besos y los abrazos?...
Como cantaba Bob Dylan: La respuesta está en el viento. Y ahí sigue.